El Centro de Fabricación Avanzada Aeronáutica consolida su modelo como pieza clave en el sector con 120 socios industriales, el desarrollo de 900 proyectos de investigación y una tasa de transferencia y uso en planta del 80%
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El Centro de Fabricación Avanzada Aeronáutica (CFAA) prosigue su vuelo después de una década de actividad. Y lo hace a plena velocidad de crucero, al cien por ciento de sus capacidades, tras consolidar un modelo de centro que ha demostrado su éxito en uno de los entornos industriales más exigentes, el aeronáutico. Desde que abriera sus puertas en 2017 en el Parque Tecnológico de Bizkaia en Zamudio, el CFAA ha evolucionado hasta convertirse en un referente de investigación aplicada con 120 socios industriales, más de 900 proyectos desarrollados y una tasa de transferencia y uso en planta de alrededor del 80%. Una elevada tasa de éxito que responde, en gran parte, a su propia singularidad.
"Somos una rara avis como modelo de centro". Norberto López de Lacalle, director del CFAA
Como afirma su director, el profesor Norberto López de Lacalle, recientemente elegido miembro de la Real Academia de Ingeniería, “somos una rara avis como modelo de centro”, en el que destaca “la enorme capacidad de cooperación, el efecto tractor de las empresas aeronáuticas sobre el tejido productivo y las grandes ventajas para el sistema universitario de colaborar y participar en estos proyectos”.
"La aeronáutica es un sector en el que la palabra crisis no aparece en el diccionario."
La incorporación de la Universidad del País Vasco permitió superar las limitaciones iniciales y ampliar el alcance del centro, que ha evolucionado como un “proyecto poliédrico”. A su misión industrial ha sumado formación, investigación básica, actividad científica y la apertura a estudiantes. Desde sus inicios, la misión del CFAA ha sido desarrollar proyectos en unos niveles de madurez tecnológica de entre un TRL 4 y un TRL 7, un elemento diferenciador respecto a otros centros de investigación. Este enfoque se materializa en un portafolio de alrededor de un centenar de proyectos anuales, con una duración media de unos ocho meses, financiados en parte por sus socios industriales, entre los que figuran ITP Aero, Danobatgroup, Ibarmia, Ona Electroerosión, GMTK, Trimek o Metrología Sariki, entre otros muchos. Según argumenta López de Lacalle, la eficiencia del centro responde a cuatro factores: la implicación directa de las empresas desde el diseño de los proyectos, la ejecución en condiciones industriales reales, el control del alcance y los plazos y un alto grado de confianza entre los agentes implicados.
Sobre esa base se articulan las siete líneas tecnológicas del centro, entre las que destaca el mecanizado al concentrar más del 50% de la actividad del centro. “Es la tecnología estrella. La clave para tener productividad y calidad”, señala López de Lacalle. Su importancia radica en la complejidad de los materiales empleados en aeronáutica, como las aleaciones de titanio, níquel o cobalto, que requieren procesos de altísima precisión y un control riguroso. Otro grupo de tecnologías que está creciendo con fuerza es la fabricación aditiva en metal. “Permite hacer piezas de la nada, con geometrías muy complejas y aligerando el peso”, un factor clave en aeronáutica y con impacto directo en la eficiencia energética de las aeronaves, señala.
"Es una oportunidad de oro el proyecto transformador"
El centro desarrolla tanto procesos de deposición directa (LMD), orientados a la reparación de componentes, como tecnologías de fusión en lecho de polvo (LPBF), que permiten fabricar piezas nuevas con diseños optimizados. Junto a estas dos líneas de actividad, el CFAA trabaja en otras áreas complementarias como la metrología e inspección, la electroerosión, la robotización, la soldadura o la digitalización de máquinas y procesos en entornos hiperconectados. Entre los proyectos que viene desarrollando en los últimos años, uno de los más representativos es el trabajo que viene realizando en torno a los rotores de álabes integrales (IBR), línea relevante en los motores de aviación de un solo pasillo. Se trata de componentes críticos que combinan máxima resistencia mecánica con el menor peso posible, pero cuya fabricación plantea importantes retos técnicos. “Son piezas extremadamente exigentes, que requieren mecanizado en cinco ejes en continuo, trabajar con materiales complejos y cumplir tolerancias muy estrechas. La precisión que se necesita es altísima”, explica el director del centro.
En ese ámbito, el CFAA lleva más de seis años colaborando con empresas del sector para optimizar estos procesos. El trabajo se centra tanto en el desarrollo de herramientas de corte específicamente diseñadas para este tipo de componentes, como en la integración de sistemas de medición en proceso que permiten controlar las dimensiones de las piezas durante su fabricación. La incorporación de sensores en máquina y la captación y análisis de datos en tiempo real hacen posible detectar desviaciones respecto a los parámetros previstos antes de que se conviertan en defectos, mejorando así la eficiencia y reduciendo el riesgo de rechazo de piezas de alto valor añadido.
Otro ámbito menos industrial, pero que promete generar grandes expectativas a futuro, es una línea de investigación para mantener los líquidos lubricantes y refrigerantes libres de bacterias, “donde tenemos una patente internacional”, destaca el director del centro.
El CFAA se sitúa con su posicionamiento tecnológico y su estrecha conexión con la industria en un lugar estratégico ante los retos que plantea el futuro del sector. En función de las previsiones de Airbus, serán necesarios más de 40.000 nuevos aviones comerciales antes de 2040, lo que implicará duplicar la flota actual y renovar completamente la existente. Este crecimiento sostenido exigirá nuevas generaciones de motores y, con ellas, avances significativos en los procesos de fabricación. Frente a esas perspectivas, ITP Aero lidera el proyecto transformador ‘Nuevas Arquitecturas de Motor Aeronáutico para la Aviación Sostenible y Competitiva en Euskadi’, en el que el CFAA desempeñará un papel clave. La iniciativa no solo aborda el desarrollo de nuevos motores, sino también la transformación de toda la cadena de suministro y de los sistemas productivos asociados. “El reto no es solo diseñar el producto, sino cómo fabricarlo”, explica López de Lacalle. “Implica nuevas fábricas, automatización, digitalización e integración de inteligencia artificial en los procesos industriales”. Como subraya, “es una oportunidad de oro para el País Vasco. La aeronáutica es un sector donde la palabra crisis no aparece en el diccionario”.
El CFAA a-fronta ese desafío en una nueva etapa, marcada por la celebración de su décimo aniversario en el último trimestre del año y por la renovación del acuerdo de colaboración que mantiene con el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia. Un ciclo en el que continuará avanzando y reforzando su papel como pieza clave en la transformación de la industria aeronáutica.
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