Aburrimiento

A la industria le gustan los mercados abiertos y no le gustan las fronteras. A la industria le gusta innovar.

Luis Blanco
15/12/2020

No creo que les parezca raro si les digo que en la industria nos gusta la política aburrida. La política que no da grandes titulares, que no soluciona grandes problemas, porque no los hay y que no necesita gestos, ni días históricos. Nos gusta la política tranquila, que se preocupa de aportar a la sociedad y a los operadores económicos las infraestructuras logísticas adecuadas, con una planificación a largo plazo y que se cumple. Si quieren, celebraremos con gusto las inauguraciones y los cortes de cintas, pero, si es posible, sin grandes fastos.

Nos gustan los planes y programas públicos a largo plazo. Planes destinados a favorecer la transición energética o a mejorar el encaje de las actividades en el Desarrollo Sostenible que nos den certidumbres, que nos permitan preparar y desplegar nuestros propios planes, igualmente aburridos. La industria requiere inversiones con prolongados plazos de retorno. No especula. No trabaja a corto plazo. De hecho, productos financieros que en ocasiones se han utilizado con fines oscuros, como los Futuros, se inventaron para dar certidumbre a las inversiones de las empresas industriales, para poder asegurarse algo tan variable como el precio de las materias primas a muy largo plazo.

A la industria le gustan los mercados abiertos y no le gustan las fronteras. Le gusta que capitales, mercancías y personas, sí, personas también, se puedan mover libremente por grandes espacios. A la industria le gusta innovar, crear productos nuevos, cambiar procesos de producción y reinventarse, pero le gusta hacerlo pausadamente, sin golpes de efecto, sin giros en la trama del guión, algo que para Hollywood no serviría, pero que es garantía de generar riqueza y empleo ahora y dentro de 20 años.

Si desde esta modesta columna podemos pedir algo a los servidores públicos que nos gobiernan, permítanme que seamos muy modestos: por favor, sean aburridos y previsibles. Comprométanse, claro, pero con hitos alcanzables, que les permitan cumplir sus compromisos. Y, si de verdad están por el bienestar de sus votantes, por favor, olvídense de los grandes gestos, de las hazañas legendarias y de ser protagonistas de actos heroicos.

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