El arte de dar oportunidades al destino (8 de 1001): Senderos que se bifurcan

El futuro es un jardín con forma de laberinto, el presente son las señales para elegir un camino u otro

15/3/2026

Hermes se acomodó en la silla como si el respaldo fuera, en realidad, la pared del túnel de una mina profunda. “Esta vez llegué a un jardín. Setos altos, cruces silenciosos, un laberinto construido con vegetación. A cada paso, me ofrecía una bifurcación. Dos caminos, tres, a veces más. Recorriendo el dédalo, en una glorieta encontré un pabellón de madera oscura. Dentro, un hombre esperaba sentado, con un libro cerrado entre las manos. No sé si era Borges, o si el jardín prefería que yo lo creyera. Su voz era tranquila.

Me invitó a sentarme y, sin presentaciones, abrió el libro por una página marcada. ‘Has aprendido que el futuro es un cristal empañado’, dijo, ‘y por eso buscas varios ángulos. Bien. Pero cuidado: cuando el mundo se bifurca, no basta con mirar desde distintos lados. Hay que aceptar que el propio mundo tiene varias formas posibles’. Yo intenté responder con prudencia, y le expliqué que las personas necesitamos alguna certeza, que no podemos vivir en un laberinto eterno”.

Hermes dejó un silencio en el aire, breve pero deliberado.

“Entonces señaló el jardín, como si fuera una pizarra. ‘Los escenarios’, dijo. Pronunció la palabra con naturalidad, sin solemnidad académica, como quien habla de cocinar con distintos ingredientes el mismo plato. ‘No son predicciones. Son relatos coherentes de futuros posibles. Cada uno te obliga a pensar qué harías si el mundo tomara ese sendero’”.

Irene asintió con interés. “O sea: no tratas de adivinar lo que va a pasar, sino que te preparas para diferentes alternativas posibles”.

“Exacto”, dijo Hermes. “Me pidió que camináramos. Y mientras avanzábamos, me señaló tres bifurcaciones clave. En la primera, el sendero de la derecha tenía faroles encendidos y un rumor de conversación. El de la izquierda era más oscuro, con el sonido lejano del viento. ‘Tu error’, dijo, ‘es creer que el farol es certeza. El farol solo es una historia atractiva’. En la segunda bifurcación, ambos caminos estaban cubiertos de hojas. ‘Aquí’, añadió, ‘aprendes que la información siempre llega tarde. Por eso necesitas construir hipótesis antes de tener pruebas’. En la tercera, los caminos parecían idénticos hasta el final. ‘Y aquí’, concluyó, ‘entiendes lo más duro: hay decisiones que no cambian el paisaje al principio, pero lo transforman todo más adelante’”.

Sherlock tamborileó una vez con los dedos sobre la mesa. “Escenarios como disciplina de la imaginación”.

“Eso es, no como fantasía. Me dio una regla simple: no construir un único escenario ‘probable’, sino varios ‘posibles’ y, sobre todo, útiles. Uno que te favorezca. Otro que te castigue. Otro que te obligue a replantearte tus supuestos. Y luego, lo importante: detectar señales tempranas para saber qué sendero se está volviendo más real”.

Irene se inclinó un poco hacia delante. “¿Y el jardín te dejó elegir?”.

Hermes sonrió. “El jardín siempre te deja elegir. El truco es que no te dice qué estás eligiendo. Así me lo explicó él: ‘Ahora estás empezando a pensar como alguien que no se enamora de una sola historia. Alguien que ha aprendido a vivir en el jardín de los senderos que se bifurcan…’”.

Sherlock se sirvió un poco de vino y, por primera vez en mucho tiempo, no pareció tener prisa por llegar a la conclusión.

“Antes de irme”, continuó Hermes, “me pidió que extendiera la mano y me entregó una invitación sin sello, en papel grueso, con un membrete austero: Viena, 1814. No mencionaba nombres, solo el tipo de evento, casi con ironía: ‘Baile de apertura’. Y al final, como si fuera una llave, una palabra en caligrafía elegante: equilibrio”.

Luego añadió, como quien deja una astilla a propósito bajo la piel: ‘Has aprendido a caminar entre senderos. Ahora aprenderás a leer a quienes los dibujan. Busca una ciudad donde el futuro se decidió en salones iluminados, con música y con máscaras. Allí el mundo se repartió en una mesa larga, y lo más importante fue quién podía vetar, quién podía unir, y quién no había siquiera sido invitado’”.

Sherlock levantó la vista con una expresión que era mitad diversión, mitad curiosidad. “Salones, música, máscaras en Viena y en 1814…”, murmuró. “Hermes, me temo que tu siguiente maestro no será un escritor, sino una orquesta de diplomáticos”.

Elemental querido Wat... Quiero decir... ¡Bien hecho amigo!
Nope... te has dejado algo. Vuelve a intentarlo.
Guillermo Dorronsoro

Doctor en Ingeniería Industrial e Ingeniería Mecánica. Al frente de Innobasque participó en la transformación del sistema de ciencia y tecnología de Euskadi. Hoy es board avisor de Zabala Innovation, profesor de Innovación de Deusto Business School, y coordinador del think tank Zedarriak.

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