Juan Ignacio López Gandásegui consiguió que Aernnova mantuviera en Alava el eje de su negocio y el centro de decisiones. Con motivo de su fallecimiento, pero sobre todo para celebrar la vida de un bermeano que miraba al cielo de Miñano, reproducimos el reportaje que Empresa XXI publicó el 15 de diciembre de 2008, en la entrega del Premio a Mejor Empresario Vasco del año. Goian bego, Juan Ignacio López Gandásegui.

Aernnova es un proyecto industrial en expansión, lo que se debe en gran medida a Juan Ignacio López Gandásegui, uno de los padres de la industria aeronáutica y eólica vasca y una de las personalidades empresariales que más años llevan apostando por la búsqueda de sectores alternativos de alto valor añadido. Esta inquietud personal recibió un fuerte respaldo a principio de los noventa, cuando accedió a la dirección de la división de Nuevas Tecnologías de Corporación IBV, que apostó por el proyecto de Gamesa. Así, desde un primer momento, participó en la creación de la infraestructura que haría posible el nacimiento y consolidación de una industria de estructuras para aeronáutica que, a su vez, generó el soporte industrial suficiente para el lanzamiento del Parque Tecnológico de Miñano en Alava.
A mediados de los noventa, Juan Ignacio López Gandásegui fue nombrado consejero delegado de Gamesa Corporación Tecnológica, antes de que la compañía alavesa entregara las primeras alas prototipo para el grupo brasileño Embraer, con el que había firmado su primer contrato a riesgo, el EMB-145. Desde la dirección del grupo, López Gandásegui desplegó toda su capacidad de gestión para organizar un proyecto industrial de nueva planta en el país, lo que exigía crear la propia estructura de la empresa y la red de suministradores e impulsar cambios en los sistemas de formación con el objetivo de que se introdujeran las asignaturas que soportasen las nuevas habilidades exigidas por la aeronáutica y los nuevos materiales compuestos.
El 11-S afectó a las expectativas y la visión general sobre el negocio de la antigua Gamesa
Juan Ignacio López Gandásegui se aplicó a la creación del grupo directivo y de las políticas que consolidaron la posición de la empresa en los siguientes años. Sin embargo, el 11 de septiembre de 2001 se produjo la convulsión de los atentados contra las torres gemelas de Nueva York. En el campo industrial, el sector aeronáutico resultó de los más afectados. Sus expectativas sufrieron un notable deterioro. La Bolsa redujo el valor de las acciones y el ajuste de capacidad se hizo necesario.
“Nadie quería apostar por Gamesa Aeronáutica. La mala opinión sobre la empresa me sensibilizó. Sabía que era una gran compañía que atravesaba un momento delicado”. Juan Ignacio López Gandásegui
Como reconoció el propio López Gandásegui: “No hacer el ajuste ahora significa poner en peligro el futuro”. Gamesa entregó 195 aviones en 2001 frente a los 256 planificados. Este hecho coincidió en el tiempo con la confirmación de la eólica como un sector de oportunidad, que llevó al Grupo Gamesa a adquirir el 40 por ciento del capital de la danesa Vestas en Gamesa Eólica. López Gandásegui, al frente del grupo, creía en la capacidad de las dos actividades, pero en la corporación se consideraba mejor y menos lesivo para el negocio segregar y enajenar la actividad aeronáutica. Los megavatios volaban más alto que la aeronáutica.
En 2005, una década más tarde, López Gandásegui abandonó la Corporación, que ejecutó la segregación del negocio aeronáutico. En aquel momento, en sus propias palabras: “Nadie quería apostar por Gamesa Aeronáutica. La mala opinión sobre la empresa me sensibilizó. Sabía que era una gran compañía que atravesaba un momento delicado”. Ya desde su libertad empresarial, y junto a un equipo forjado en años de duro trabajo, en el que sobresalían José Luis Osoro, Pedro Fuentes y Javier del Molino, armó el grupo Synergy que le permitiría pujar por adquirir Gamesa Aeronáutica a IBV. La operación resultó muy dificultosa.
“Si no hay accionistas institucionales vascos es porque no quisieron entrar”
La sensación de fracaso suele sumir en el desánimo a las personas e instituciones que han participado y arriesgado en un proyecto. No encontró apoyo en casa. Incluso, la italiana Finmecanica, con aval catalán y valedores locales, estuvo a un paso de ganar la puja. Juan Ignacio encontró sus aliados en Caja Castilla La Mancha Corporación, Lesepair, Isolux Corsán y Banco Espirito Santo. Como reconoció en entrevista publicada en EMPRESA XXI: “Si no hay accionistas institucionales vascos es porque no quisieron entrar”.
“En aeronáutico, cada vez hay menos modelos, programas y oportunidades, pero las que se dan son muy grandes y amuy largo plazo”
Ya como accionista y presidente, Gamesa Aeronáutica se transformó en Aernnova a mediados de 2006. En cuerpo y alma, se aplicó a recuperar la confianza perdida en el proyecto por las instituciones, pero sobre todo se aplicó en una carrera por mejorar la productividad y capacitación del grupo. El riesgo, en aquel momento, era evidente: “En aeronáutico, cada vez hay menos modelos, programas y oportunidades, pero las que se dan son muy grandes y amuy largo plazo”.
La entrada en el A-350 sitúa a Aernnova como ‘tier-1’ aeronáutico en estructuras aeronáuticas
Se estimaba que la reorganización de la cadena de valor de Airbus reduciría sus proveedores de 3.000 a 500, y ellos debían convertirse en un suministrador de primer nivel de referencia en estructuras. Lo consiguieron. La conquista del contrato para la realización del proyecto integral para el diseño, desarrollo y fabricación del estabilizador horizontal y del elevador delA-350, el avión más puntero tecnológicamente del mundo, les aportará unos ingresos estimados de 4.500 millones de dólares. Este pedido equilibrará y diversificará su cartera, tanto en clientes como en zonas dólar y euro, lo que contribuirá a amortiguar convulsiones societarias o monetarias futuras.
Pero en estos tres últimos largos años, Juan Ignacio también ha ampliado el radio de acción del grupo. En 2007, instaló plantas de montaje y fabricación en Querétaro (México) y abrió un centro de ingeniería en Michigan (Estados Unidos), que empleará a 400 ingenieros. Además, junto a Sener e ITP, entró a formar parte del grupo europeo que desarrolla el proyecto JTI Clean Sky y respaldó la creación del laboratorio HALT del CTA, enAlava, pionero en Europa en la realización de pruebas de resistencia y fatiga.
Igualmente, como presidente de Aeroblade y Orisol, lidera diversos proyectos en el campo de las energías renovables, en el que sobresale la nueva planta de diseño y fabricación de palas eólicas que se construirá en el Parque Tecnológico de Zamudio. Por último, ha ampliado las capacidades del grupo con la inclusión de la catalana Serra y de la ingeniería vizcaína Lantec. Su inagotable capacidad de trabajo para imaginarse nuevos escenarios y horizontes, como los que soñaba en su Bermeo natal, se enfrenta de forma categórica cuando se quiere mirar con la lupa localista las acciones de las empresas: “Cualquier medida que se tome, aunque se realice fuera, siempre fortalecerá las actividades centrales de Alava, así como su ingeniería y su I+D”.

Juan Ignacio López Gandásegui (Bermeo, 1952) inició su actividad como ingeniero industrial en Sener, compañía en la que desempeñó labores de ‘ingeniero de proyectos’ entre 1976 y 1980. Su siguiente capítulo profesional lo desarrolló en Iberduero, en la Central Nuclear de Trillo. Posteriormente, en 1989, se incorporó como Director de Nuevas Tecnologías a la Corporación IBV, cargo que ocupó hasta 2005 y que compatibilizó con el de consejero delegado de Gamesa Corporación Tecnológica entre 1995 y 2005. Actualmente, es presidente de las empresas Aernnova, Orisol y Aeroblade.
En su trayectoria empresarial también sobresale su implicación con el asociacionismo empresarial y social, que se refleja en sus cargos de vicepresidente de SEA, vicepresidente de Confebask y miembro del Círculo de Empresarios Vasco y de la Fundación Solidaridad Internacional. Su acción empresarial está forjada por muy diferentes virtudes; si bien, sobresale su capacidad de rebeldía y de orgullo por el trabajo realizado que le llevaron a transitar desde la posición de directivo a la de empresario, asumiendo el riesgo personal, profesional y patrimonial que ello conllevaba. Contra viento y marea, aglutinó las fuerzas necesarias para adquirir la antigua Gamesa Aeronáutica, de la que fue su consejero delegado durante 10 años, y evitar en 2006 el desembarco del grupo italiano Finmecanica, lo que hubiera supuesto el desplazamiento de un centro de decisión en un campo estratégico, lo que ha garantizado el mantenimiento de unos conocimientos punteros de ingeniería y tecnología.

Todos los derechos reservados Industria y Comunicación S.A.