Eleva las inversiones en la planta alavesa de 75 a 80 millones de euros, mientras aborda un plan de reestructuración en Reino Unido e Irlanda con la reducción de un 10% de la plantilla
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Vidrala mantiene el rumbo en tiempos complejos como los actuales, con el camino despejado en su sede de Llodio de cara al próximo lustro. El fabricante de envases de vidrio afronta el presente ejercicio con la previsión de incrementar su beneficio por encima del 5% con respecto a 2025, con un EBITDA de 450 millones de euros y alrededor de 200 millones de caja libre, según avanzó su presidente, Carlos Delclaux, momentos previos a la junta de accionistas celebrada el pasado 29 de abril. La hoja de ruta de la multinacional pasa por el control de costes como clave competitiva y la ejecución de un plan inversor de 180 millones de euros con vistas a que el presente ejercicio “sea un año para el fortalecimiento” del grupo, como señaló el CEO, Raúl Gómez. Algo menos de la mitad de ese monto se dedicará al mantenimiento de instalaciones y con la mitad restante “doblan la apuesta” en operaciones de verticalización, eficiencia energética, logística, incremento del uso de vidrio reciclado, así como en el aumento de capacidad productiva selectiva en algunas plantas del grupo en detrimento de otras.
Ha instalado una planta fotovoltaica de 7 MW
Si bien la próxima gran inversión anunciada será en Albacete, el CEO de Vidrala admitió el “firme compromiso industrial” de la compañía en su sede de Llodio, “una planta con futuro” que concentra el 5 % de la actividad del grupo. “Hicimos un trabajo previo importante, con un sacrificio social, que nos llevó a poder anunciar un plan de inversión de 75 millones, que han acabado siendo 80 millones, y que nos deberían dejar en una situación estable, al menos, durante los próximos cinco años”. Una de las últimas actuaciones de este plan inversor, a ejecutar entre 2023-2027, es la reciente instalación de una planta fotovoltaica de autoconsumo de 7 MW en la factoría alavesa. Las expectativas de crecimiento del grupo vienen acompañadas de un plan de reestructuración, puesto en marcha el pasado septiembre, en sus plantas de Reino Unido e Irlanda, donde reducirá un 10% la plantilla (200) sin sacrificar capacidad productiva.
Vidrala ejecuta este plan de ajuste tras cerrar el primer trimestre de 2026 con un beneficio neto de 53,7 millones de euros, lo que supone un incremento del 13% respecto al mismo periodo del año anterior, impulsado principalmente por su crecimiento en Sudamérica y una estricta política de control de costes. El beneficio por acción se situó en 1,53 euros, un 13,3% más interanual, mientras que el EBITDA alcanzó los 104 millones de euros, con un margen sobre ventas del 28,3%, ligeramente superior al registrado el año pasado.
En cuanto a la facturación, la multinacional registró ingresos de 367,5 millones de euros hasta marzo, lo que representa una leve caída del 1,3% en comparación con el mismo periodo de 2025. La deuda neta se situó en 273,1 millones de euros, incluyendo la adquisición de su filial en Chile por 75 millones. Este nivel equivale a 0,6 veces el EBITDA de los últimos doce meses, lo que refleja una posición financiera sólida.
La evolución positiva del negocio en Sudamérica ha sido clave para sostener los resultados en un entorno marcado por la debilidad de la demanda en Europa y Reino Unido, así como por el impacto de la guerra en Oriente Medio y el aumento de los costes energéticos. La región, donde inició su expansión en 2024 con plantas en Brasil y Chile, representa en la actualidad más del 20% de las ventas totales.
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