La noche de la empresa vasca 2022
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Siderurgia y reforma eléctrica

¿Qué necesita la industria siderúrgica española de la reforma del mercado eléctrico?

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Y el Mejor Empresario Vasco del Año 2021 es...
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Andrés Barceló
Director General Unesid
19/5/2024

La respuesta es sencilla. La siderurgia necesita disponer de electricidad a un precio que sea competitivo, estable y predecible. Se da la paradoja de que, a pesar del aumento de la penetración de las energías renovables, el precio en el mercado diario de la electricidad sigue siendo muy elevado. Aunque ha descendido desde los niveles estratosféricos que alcanzó el año pasado, lo cierto es que duplica la media de los diez años anteriores a la crisis de 2021/2022.

Cuando la industria y el Gobierno españoles plantearon la necesidad de acometer una reforma en profundidad del mercado eléctrico, hubo algunos operadores que se opusieron ferozmente porque defendían que el diseño era perfecto y que había funcionado muy bien durante 20 años. Finalmente, la realidad se impuso y se ha intentado modificar el diseño del mercado eléctrico, aunque los resultados son manifiestamente mejorables. La disputa entre los estados miembros y el Parlamento no ha terminado todavía, y mucho me temo que no consigamos el objetivo, tan sencillo, pero al parecer tan difícil de alcanzar, de conseguir un suministro seguro a un precio competitivo y estable que huya de la volatilidad.

El diseño del mercado que se ha propuesto parece estar más centrado en garantizar un marco regulatorio que satisfaga los intereses de los productores eléctricos que los de los consumidores domésticos e industriales. Además, se ha introducido alguna figura con nombre muy imaginativo, “contrato por diferencia”, que no es otra cosa que la forma elegante de denominar una subvención.

En mi opinión, la UE debería centrar sus esfuerzos, amén de garantizar el suministro, en impulsar una disminución sustancial del precio, que garantice un retorno razonable de las inversiones y permita a consumidores, empresas y familias ahondar en el proceso de electrificación con precios que lo incentiven y que no lo penalicen.

Conviene recordar que la crisis energética es una peculiaridad europea, ya que en ningún otro lugar del mundo se vive una situación similar. A los problemas derivados de la guerra de Ucrania se unen algunas decisiones regulatorias adoptadas sin las dos características que deben, a mi juicio, reunir las decisiones en materia energética: realismo y pragmatismo. Así, vemos que algunos países han adoptado decisiones sobre el cierre de centrales nucleares para sustituirlas por centrales de carbón o de gas, lo que, desde luego, no supone una mejora en la lucha por disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.

La influencia del precio de los combustibles fósiles y el impacto del mecanismo del comercio de emisiones alcanzan en la casación del mercado eléctrico a más del 50% de las horas. Asimismo, se da la paradoja de que una mayor penetración de las energías renovables no se refleja en el precio que deben afrontar los consumidores europeos.

Al mismo tiempo, y a pesar de las declaraciones grandilocuentes de algunos gobiernos, se ha acrecentado la dependencia del gas natural licuado procedente de Rusia y del gas de Estados Unidos generado con una tecnología prohibida en Europa: la fractura hidráulica o fracking.

Tenemos la obligación de ser optimistas de cara al futuro inmediato y a medio plazo. Pero mucho me temo que las ligeras modificaciones que se van a articular en el diseño del mercado eléctrico no van a satisfacer las necesidades de la industria siderúrgica, que, por otra parte, se encuentra inmersa en un importante proceso de inversiones y cambios tecnológicos para alcanzar la descarbonización en 2050.

Andrés Barceló

Andrés Barceló es director general de Unesid.

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