La verdadera transformación industrial no reside en crecer más, sino en producir mejor

Suena bien “más industria”. “Menos emisiones”, también. Pero, si me permiten, el eje verdaderamente decisivo del Plan Industria Euskadi 2030 es el que queda en medio: “Mejor industria”. Porque crecer, sin más, no garantiza competitividad. Y descarbonizar, sin fortalecer la base productiva, se queda en una obligación costosa. La clave está en mejorar cómo producimos, cómo innovamos y cómo organizamos nuestras empresas. ¿Y qué significa “mejor” en una economía industrial como la vasca?
En primer lugar, más tecnología útil. No se trata de llenar presentaciones con siglas sino de incorporar digitalización, automatización, datos e inteligencia aplicada allí donde mejoran productividad, calidad, seguridad, sostenibilidad y capacidad de respuesta.
En segundo lugar, “mejor industria” exige tamaño (o cooperación) y gestión. Muchas de nuestras pymes son extraordinarias técnicamente, pero operan con márgenes estrechos y con recursos limitados para acometer grandes saltos. Ahí la colaboración público-privada, la transferencia tecnológica y los proyectos compartidos entre empresas no son retórica institucional: son una necesidad práctica para que la mejora llegue también a la pyme y no solo a las grandes compañías.
Hay, además, una dimensión menos visible y absolutamente central: las personas. No existe “mejor industria” sin mejor liderazgo, mejor formación, mejor capacidad para atraer talento técnico y mejor organización del trabajo. Innovar en la industria no es solo una cuestión de máquinas o de una nueva fórmula; es, sobre todo, una cuestión de cultura empresarial. Por eso este eje es tan importante. “Mejor industria” es producir con más valor añadido, con más resiliencia y con más inteligencia. Y, en Euskadi, donde la industria ha sido siempre una forma de construir país, mejorarla no es una opción estética. Es una necesidad estratégica.

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