Si queremos empleo de calidad y servicios públicos sólidos, el eje de partida no puede ser otro que la industria

Hay ideas que se repiten constantemente en esta columna. Tanto, que corren el riesgo de sonar a eslogan “La industria es fundamental para Euskadi”, por ejemplo…. pero basta mirar a nuestro alrededor para entender que no hablamos de nostalgia fabril, sino de bienestar. El Plan de Industria – Euskadi 2030 se basa en tres premisas y la primera es “Más Industria”. La plantea como una herramienta de país: transversal y prioritaria a todas las políticas del Gobierno Vasco, para competir en un mundo de transición energética, digitalización acelerada y competencia global. El planteamiento del plan cita a Naciones Unidas que ha puesto números a esa intuición: su Índice de Capacidad Productiva se mueve casi al compás del PIB per cápita (correlación 0,90 en 194 economías entre 2000 y 2022).
Allí donde hay industria, hay innovación, exportaciones y empleo estable y de calidad. La Agenda 2030 trae también a colación el Objetivo de Desarrollo Sostenible 9: infraestructuras resilientes, industrialización sostenible e innovación: cuando llegan las crisis, las economías más industriales resisten mejor que las que dependen en exceso del turismo o de servicios volátiles. El empleo industrial, apoyado en tecnología y diversificación, amortigua las sacudidas. Además, la industria es el motor de la I+D: atrae y retiene talento, obliga a colaborar con centros tecnológicos y universidades, y convierte el relevo generacional en estrategia. En la balanza de pagos, exportar bienes de alto valor añadido reduce dependencias. De ahí que el Gobierno Vasco haya elevado el Plan a compromiso político, incorporando pymes, arraigo, innovación, infraestructuras, sostenibilidad, internacionalización, financiación y gestión de personas con una visión social.
Si queremos empleo de calidad y servicios públicos sólidos, el eje de partida no puede ser otro: más industria.

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