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La sensorización como sistema nervioso de la España 4.0

Para que el flujo de información masiva genere valor real es necesario un ‘cerebro’ capaz de orquestarlo

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Y el Mejor Empresario Vasco del Año 2021 es...
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Juan José Carrasco
Responsable de Desarrollo de Negocio de Instrumentación de Grupo Álava
5/5/2026

En la última década, la industria española ha dejado de preguntarse si debe digitalizarse para centrarse en el cómo. En este viaje hacia la eficiencia, hemos descubierto que los datos son el combustible, pero la sensorización avanzada es el sistema nervioso que permite a una planta no solo funcionar, sino sentir, aprender y adaptarse. Desde nuestra perspectiva, esta transformación no es una simple actualización de hardware; es un cambio de paradigma que redefine la competitividad y la resiliencia de nuestro tejido productivo.

"Los sensores han pasado a ser agentes activos de la estrategia empresarial."

Tradicionalmente, un sensor era un dispositivo silencioso que avisaba cuando algo ya se había roto. Hoy, gracias a la convergencia del AIoT y el Big Data, los sensores han pasado a ser agentes activos de la estrategia empresarial. Ya no recogemos solo parámetros aislados; capturamos patrones complejos que nos permiten anticipar fallos en activos críticos meses antes de que ocurran.

Para que este flujo de información masivo genere valor real, es necesario un "cerebro" capaz de orquestarlo; y para ello es imprescindible un software que centralice los datos provenientes de la sensórica de campo, transformando señales físicas en conocimiento accionable mediante algoritmos de inteligencia artificial. En este ecosistema, es necesaria la colaboración con empresas de servicios de fiabilidad industrial que permitan elevar la monitorización a un nivel superior de diagnóstico. Ejemplos claros son la monitorización de activos renovables como los aerogeneradores o, la monitorización avanzada de activos de alta tensión, (subestaciones y transformadores), que ofrece la posibilidad de supervisar variables químicas y térmicas para evitar apagones catastróficos, garantizando una gestión basada en la condición real del activo.

La salud de una planta productiva se mide por sus vibraciones. Según nuestra experiencia, el análisis dinámico de maquinaria rotativa se convierte en una herramienta de precisión quirúrgica. Al sensorizar bombas, ventiladores o motores y procesar estos datos mediante software avanzado, los responsables de mantenimiento pueden identificar desequilibrios, desalineaciones o desgastes de rodamientos de forma remota y automatizada. Esta monitorización avanzada de vibraciones permite pasar de un mantenimiento basado en el calendario, a uno basado en la condición, optimizando los recursos y eliminando las paradas no programadas que lastran la productividad.

Esa misma filosofía de vigilancia constante se extiende a nuestras “venas” de comunicación. La digitalización de infraestructuras de transporte terrestre, como las carreteras o líneas ferroviarias, ya no es una aspiración, sino una realidad operativa. En tramos complejos de la red nacional, la implementación de sensores de monitorización estructural y la digitalización del entorno, posibilita crear "gemelos digitales" que supervisan cada milímetro de la infraestructura, elevando los estándares de seguridad y permitiendo intervenciones que no interrumpen el tráfico.

La sensorización protege lo que se mueve, pero también entornos donde se exige estabilidad y precisión. En sectores de alta criticidad como el farmacéutico o los Data Centers, el margen de error es inexistente. Aquí, la monitorización avanzada de sistemas HVAC es el guardián de la continuidad y la eficiencia de la instalación completa. Un ejemplo paradigmático es el despliegue de sensores de humedad y temperatura en enclaves como Arasur.

"Esta revolución técnica conlleva una evolución cultural innegable. Las empresas que lideran el mercado ya no ven la tecnología como un gasto, sino como un activo estratégico basado en la información."

En esta etapa industrial, ya no sólo se mira, se interpreta. Mientras los sensores ambientales controlan el entorno, vigilando las condiciones en las que se produce y asegurando que sean idóneas, la visión artificial cuida el producto, actuando como juez de calidad en milisegundos, detectando detalles imperceptibles para el ojo humano. Sin embargo, el verdadero arte de la sensorización radica en su capacidad de ser incluida en plantas ya existentes (brownfield). Integrar tecnología punta en maquinaria antigua, requiere soluciones no invasivas y una gobernanza de datos robusta, donde la ciberseguridad industrial blinde la propiedad intelectual de la empresa.

Esta revolución técnica conlleva una evolución cultural innegable. Las empresas que lideran el mercado ya no ven la tecnología como un gasto, sino como un activo estratégico basado en la información. En definitiva, digitalizar un transformador, un molino de viento o una vía ferroviaria es dotarlos de inteligencia. Desde las empresas de nuestro grupo, conectamos esos puntos para transformar señales físicas en decisiones de negocio; porque en la nueva economía industrial, quien mejor siente su proceso es quien mejor lo lidera.

Juan José Carrasco

Juan José Carrasco es resp. de Desarrollo de Negocio del Área de Instrumentación de Grupo Álava

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