La Noche de la Empresa Vasca

Nunca es fácil crear empresa, y en la sociedad muchas veces no acertamos a reconocer y agradecer ese talento tan necesario.

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Guillermo Dorronsoro
Management Board Advisor en ZABALA Innovation Consulting. Profesor Gestión de la Innovación - Economía, Empresa y Estrategia en Deusto Business School.
6/7/2022

Este lunes 8 de Noviembre la Noche de la Empresa Vasca cumple nada menos que 30 años desde que se celebró por primera vez. Una gala en la que se reconoce a las personas que saben construir empresas, que saben apostar para crear riqueza y empleo, que tienen el acierto de saber guiar la nave atravesando mares nunca tranquilos.

Nunca es fácil crear empresa, y en la sociedad muchas veces no acertamos a reconocer y agradecer ese talento tan necesario. Por eso esta Noche es tan importante, nos recuerda que, sin empresarios, sin empresarias, no habría prosperidad, no habría empleo. Por supuesto hacen falta otras muchas cosas, y año tras año se escucha en los agradecimientos de los premiados cómo comparten con justicia el reconocimiento con sus equipos. No pocas veces se escucha también mencionar a las familias, esas que tantas veces han tenido que esperar jornadas de trabajo que no acaban nunca, sacrificar vacaciones y fines de semana, apoyar en tiempos más difíciles que de costumbre, aguantar sinsabores y disgustos…

Me ha parecido importante dedicar este espacio que comparto cada quince días con vosotros a reconocer también a las personas que tuvieron la idea de crear estos Premios, y que han sabido año tras año mantener e incrementar su prestigio. Igual que no es fácil crear empresa, no es fácil acertar, año tras año. Desde luego no fue fácil en su primera edición, en tiempos en los que la empresa estaba en el punto de mira del terrorismo de ETA. No era evidente que alguien estuviese dispuesto a subirse a un escenario a recoger un premio así en aquellos tiempos. Sin embargo, se encontró a esas personas, y año tras año una voz se levantaba para explicar que esta sociedad necesitaba personas que diesen un paso al frente, y aceptasen el riesgo de ser amenazadas, extorsionadas, asesinadas por el simple hecho de estar al frente de sus empresas, y para agradecerles que lo siguieran haciendo, pese a todo.

Hoy, gracias a esos gestos y otros muchos que se han repetido en otros muchos lugares, hemos pasado esa oscura página de nuestra historia. Interesa no olvidar cómo lo hemos conseguido, interesa recordar que hizo falta coraje y determinación para no rendirse, para no esconderse, para acompañar a tantas personas que sufrieron persecución en aquellos años. Si empezar en aquellas circunstancias tuvo sin duda su mérito, no lo tiene menos el haber conseguido, treinta años después, consolidar la Noche de la Empresa Vasca como una cita imprescindible. Hay que poner mucho cariño y mucho trabajo para conseguir una cosa así. Hay que acertar en acompañarse de patrocinadores que respeten la independencia de los premios, hay que acertar en encontrar candidaturas cada año, hay que alimentar con datos las deliberaciones del Jurado, hay que saber encontrar también a las personas que hagan esa difícil labor de valorar, escuchar las valoraciones del resto, y llegar a una decisión. Hay que cuidar los detalles de la ceremonia, de la comunicación…

Hay que acertar en muchas cosas, y equivocarse en muy pocas, para que esta gala siga reuniendo todos los años a la empresa vasca. Además, no vale con hacer siempre lo mismo. Hoy construir empresa no es igual que hace tres décadas. Hay cosas que nunca cambian, pero hay otras que evolucionan, igual que la propia sociedad. Es cierto que algunos de estos cambios tienen algo de moda pasajera, pero hay otros que responden a profundas transformaciones que hay que saber entender y explicar.

Los premios sirven también para eso, tienen una componente didáctica que conviene no olvidar. Son mensajes que llegan a la sociedad y aportan una perspectiva, una mirada sobre en qué consiste, en cómo se hace una buena empresa. No hay una única manera de levantar empresas, no hay una única manera de gestionarlas. Cada persona tiene su acento, su forma de ser. Aunque probablemente haya valores comunes a todas ellas: la mirada a largo plazo, el coraje para saber afrontar y no retrasar las decisiones, por difíciles que estas sean, la capacidad de asumir riesgos, la energía contagiosa que arrastra a los equipos…

Este año, que parece que la pandemia nos dejará juntarnos de nuevo, nos veremos el 8 de noviembre en el Guggenheim para celebrar que sigue habiendo personas con esos valores, personas que merecen nuestro reconocimiento, nuestro agradecimiento.

No faltes a la cita, que ya va siendo hora de volver a vernos, sin pantallas de por medio…

Guillermo Dorronsoro

Doctor en Ingeniería Industrial e Ingeniería Mecánica. Al frente de Innobasque participó en la transformación del sistema de ciencia y tecnología de Euskadi.

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