Frente a una guerra el clima no es prioritario pero no desaparece

A pesar de los importantes esfuerzos mediáticos a los que asistimos diariamente por concienciar tanto a la sociedad como al resto de agentes económicos, políticos y empresariales, de los riesgos ambientales a los que se enfrenta el mundo, lo cierto es que la agenda ambiental ya no ocupa el primer plano, si alguna vez lo hizo. Y es que, tras aquella primera llamada de alerta internacional que desencadenó el protocolo de Kioto y mas tarde el Acuerdo de París, y, más recientemente, el paso del Pacto Verde al Pacto Industrial Limpio, las buenas intenciones y propósitos iniciales han perdido punch. Es comprensible, considerando que no todos los países juegan en la misma liga y que, incluso algunos de ellos, tienen cosas más importantes en las que pensar, como sobrevivir a las bombas de los poderosos y reconstruir sus propios hogares. Por no hablar del necesario nivel de competitividad que las empresas deben mantener para no sucumbir mientras afrontan los desafíos.
Y, sin embargo, sigue siendo necesario actuar, porque la situación del cambio climático, lejos de mejorar, empeora y los riesgos intensifican su magnitud, al tiempo que los objetivos ambientales fijados para 2030 añaden complejidad a las estrategias empresariales y echan más leña al fuego de la tan necesaria independencia energética para la supervivencia industrial. En este contexto de inestabilidad geopolítica y consecuente repercusión económica mundial, los informes anuales de vigilancia ambiental estratégica que realiza el Basque Ecodesign Center, en colaboración público privada, nos ponen en situación para no perder el paso ni la cuestión de fondo que es, básicamente, asegurar la sostenibilidad del planeta para las siguientes generaciones. En ellos cobran relevancia las últimas novedades normativas y de mercado que influyen en la estrategia de las empresas industriales hacía una economía descarbonizada y más circular, cuya meta se atisba, cada vez más, cuesta arriba. Y para arrojar algo de luz sobre las mismas, el Ihobe desentraña sus entresijos a través de la organización de Ekostegunas (Día ecológico) o jornadas de apoyo a las empresas.
Hace unas semanas se celebró el primero de ellos en el que se reveló una penetración de la circularidad en los procesos industriales del 6,9% a nivel global frente al 11,5% de la UE. Parece un buen dato, si no fuera porque su objetivo apunta a doblar ese indicador en 2030, lo que obliga a acelerar los procesos, precisamente cuando vivimos una encrucijada donde el persistente deterioro medioambiental pierde protagonismo en la agenda política frente a los conflictos bélicos.
En este entorno, la prioridad es compatibilizar sostenibilidad y competitividad, un objetivo en el que la circularidad y el acceso a los materiales se configura como un elemento clave para asegurar la autonomía estratégica, mediante el impulso del uso eficiente de los recursos y el reciclaje. Para ello debemos avanzar más intensamente hacia una simplificación de la regulación en favor de una voz única europea capaz de generar demanda y reconocer a las empresas que incorporen criterios contra el cambio climático.

Todos los derechos reservados Industria y Comunicación S.A.