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Empresas que avanzan

La velocidad de aprendizaje es la verdadera clave de la competitividad, solo se mejora al ritmo que se aprende

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Y el Mejor Empresario Vasco del Año 2021 es...
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Iratxe Las Hayas
Managing Partner Smart Jidoka
25/6/2026

Si existe un sentido de la realidad, escribió Robert Musil, entonces también debe existir un sentido de la posibilidad. En las empresas, el sentido de la realidad se sienta cada lunes en el comité de dirección: urgencias, costes, plazos, clientes, competencia y shocks externos. Todo es verdad. Y precisamente por eso aparece la trampa: cuando lo real aprieta, lo posible se encoge.

El patrón es conocido: horas de debate del equipo directivo… y la lista de “prioridades” ya no cabe en una hoja. Se reordena el listado de acciones, se le ponen etiquetas, un semáforo y una fecha. Y, sin embargo, mes tras mes la lista sigue creciendo. La empresa parece ocupada. Pero no avanza. En entornos estables, una organización puede compensar sus ineficiencias con esfuerzo, margen o inercia. En entornos cambiantes, esa holgura desaparece. Y aparece otra ilusión peligrosa: creer que sabemos contra qué o contra quiénes competimos. Sin embargo, en alguna parte hay alguien que está aprendiendo y mejorando más rápido que nosotros. La velocidad de aprendizaje es la verdadera clave de la competitividad : solo se mejora al ritmo al que se aprende. Quien basa su competitividad en aprender no teme que le copien, porque lo que copian es el pasado.

Por eso, cuando el mercado aprende más rápido que la empresa, cuando el cliente cambia antes de que los procesos se adapten o cuando las decisiones internas llegan tarde, ni el buen producto ni la posición conquistada bastan. Y no es solo una cuestión de competitividad externa: también está en juego la energía del sistema. Una organización mal diseñada no solo tarda más: desgasta más. Consume tiempo en aclarar responsabilidades, resolver conflictos, parchear procesos que no fluyen y sostener proyectos que no terminan de avanzar. Y ese desgaste tiene un coste: personas capaces que dejan de proponer, equipos que se acostumbran a sobrevivir en la urgencia y líderes que en lugar de construir futuro "gestionan" prioridades."

Por eso, la pregunta clave es qué debemos dejar de hacer, ordenar y rediseñar para convertir energía en avance y construir un sistema capaz de transformar la estrategia en alineamiento, decisiones ágiles y ejecución efectiva. Aquí Musil resulta útil. El sentido de la realidad nos ancla. Pero el sentido de la posibilidad nos libera de una creencia peligrosa: que lo que hoy tenemos, es inevitable. No lo es. Ahí está, precisamente, lo que de verdad importa: abrir nuevas posibilidades repensando y rediseñando el sistema apoyándonos en cinco pilares fundamentales.

1. Visión estratégica con propósito y valores en el centro: Compartir prioridades genera alineamiento, enfoque y capacidad de acción. Cuando el propósito y los valores se integran en la organización y se lideran con el ejemplo, las personas entienden el “para qué” y pueden comprometerse con más sentido.

2. Autonomía y agilidad organizativa: La agilidad no se declara, se diseña. Y la autonomía tampoco: se habilita con prioridades claras, criterios compartidos y un modelo de decisión explícito. Ante la incertidumbre, muchas empresas añaden control: más comités, más informes, más indicadores y reportes. Es comprensible, pero contraproducente. Sin autonomía, el talento deja de proponer, se limita a cumplir y la organización se vuelve lenta.

3. Innovación y aprendizaje continuo: Innovar es convertir ideas en soluciones que creen valor para el cliente. Y eso exige aprendizaje continuo en procesos, producto, tecnología y gestión. Sin aprendizaje, la empresa repite y con el tiempo, se vuelve irrelevante.

4. Adaptabilidad: Adaptarse no es reaccionar, es anticiparse. Leer señales externas a tiempo y convertirlas en decisiones internas: qué dejamos de hacer, qué aceleramos y dónde ponemos recursos. La adaptabilidad real exige renunciar a lo accesorio para proteger lo esencial.

5. Efectividad y eficiencia operativa: En la empresa, la verdad es operativa: o entregas con calidad, coste y plazo, o el mercado te corrige. Efectividad es elegir bien qué hacer, y hacerlo fluir al ritmo de la demanda, sin interrupciones. Hacerlo con eficiencia implica ser capaz de ajustar los recursos a la demanda nivelada con el mínimo desperdicio. Primero siempre efectividad, después siempre eficiencia. Para lograrlo, es necesario perseguir el flujo. Y hacerlo implica nivelar la demanda, limitar el WIP, terminar antes de empezar más y perfeccionar constantemente la secuencia.

En tiempos inestables, el sentido de realidad es inevitable. Lo que diferencia a las empresas que avanzan es ser capaces de cuestionarse creencias, abrir posibilidades, decidir y ejecutar. Si lo real aprieta, ¿estamos abriendo posibilidades o bloqueándolas con capas de gestión?

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