Cambiar de hábitos

Si queremos cambiar algo, lo primero es entender bien las fuerzas que tendremos en contra

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Guillermo Dorronsoro
Management Board Advisor en ZABALA Innovation Consulting. Profesor Gestión de la Innovación - Economía, Empresa y Estrategia en Deusto Business School.
4/5/2022

A las personas no nos gustan los cambios que no controlamos. Sentimos un rechazo instintivo, profundamente arraigado en milenios de evolución, que es imposible evitar. Cuando no estamos solos, sino que nos agrupamos en organizaciones, esas inercias adquieren una fuerza todavía mayor. Sin embargo, con frecuencia nos vemos obligados a cambiar, a evolucionar, y esas inercias se convierten en nuestro mayor enemigo. Es fácil explicarlo en clase. Es más difícil detectarlo cuando hablamos de nuestras propias inercias.

Me viene a la cabeza estos días. Soy conductor habitual, y peatón también habitual. Soy también montañero en fines de semana y fiestas de guardar. Y la explosión de bicicletas y patinetes que se ha producido en los últimos meses me tiene desconcertado, bloqueado. Cuando vas en coche te sorprenden, te molestan. No esperas que una persona, casi sin protección, cruce un paso de cebra a más de 20 km/hora. Antes no pasaba, ahora sí. No esperas que mientras conduces entre calles pasen a tu derecha, a tu izquierda, por delante, por detrás. No estás acostumbrado a las nuevas rayas que han pintado en las calles. Cuando eres peatón o montañero te atemorizan, te cabrean. No esperas que algo que se mueve tan rápido lo haga sin hacer ruido. Van rápido, a veces muy rápido, por aceras o por estrechos caminos forestales sin demasiado espacio para esquivar. Pasan a centímetros. No hemos tenido tiempo de cambiar el diseño de las ciudades, la impecable etiqueta de los amantes de la montaña. Ellos estarán igual de incómodos que nosotros, supongo. Reclaman un espacio por el único camino posible, que es tomarlo, arriesgando su físico casi siempre.

“Me está costando también aceptar que ya no hace falta teclado para transmitir mensajes digitales. Cada vez que recibo un audio, me molesta, no puedo evitarlo”

Me he sorprendido a mí mismo por la violencia que me generan. Por la inercia de defender mis derechos como conductor y como viandante, urbano o forestal. Debería estar más abierto a una realidad que está llegando, para bien. Genera menos contaminación, y permite desarrollar una forma de vida más activa, menos sedentaria. Hay que hacer espacio para los cambios que son a mejor. Es un ejemplo, podría poner alguno más. Me está costando también aceptar que ya no hace falta teclado para transmitir mensajes digitales. Cada vez que recibo un audio, me molesta, no puedo evitarlo. Cada vez que tengo que escribir un artículo como este que lees, necesito media hora delante de un teclado, me cuesta contárselo a un micrófono que lo escriba (aunque cada vez hacen mejor este trabajo, debo reconocer). Tengo que aceptar que el reconocimiento de voz ha llegado para quedarse. Que las personas que no estudiaron el ASDFG, caligrafía y ortografía (nivel profesional, me refiero), prefieren que su voz fluya por las ondas, en vez de textos tecleados… El artificial teclado y el más artificial ratón desaparecerán en pocos años.

Igual me estás leyendo y no entiendes nada. No te preocupes, eso es que eres más joven y no tienes estos problemas. Puedes dejar de leer, o puedes leerlo como aviso de lo que te ocurrirá en unos años, o décadas. Yo este año estaré más cerca de los 60 que de los 50, los que ronden mi edad igual me entienden un poco mejor. Cuesta más, cada año que pasa, esta gimnasia de mantenerse en forma, de no rendirse a las inercias construidas durante décadas. La teoría la entendemos, la práctica exige disciplina, esfuerzo, continuidad. Siempre me gusta acabar en positivo, hoy también ¿Quieres hacer gimnasia para mantenerte un poco más en forma, para no dejarte vencer por las inercias? Hay varios caminos. Acercarse a las personas más jóvenes es una buena idea. Tienen menos inercias, menos muros en su cabeza. Igual te da pereza aprender de ellos porque les falta experiencia, pero para estas cosas que vienen nuevas, eso es precisamente lo que les hace tan valiosos.

Luego está el no relajarse. San Ignacio aconsejaba “vivir con un pie levantado”, mantener el espíritu viajero, el espíritu del peregrino que siempre tiene que adaptarse a los cambios que la vida nos va trayendo. El último consejo, es el más valioso. No todos los cambios que llegan son para bien. A veces hay que resistirse, a veces no hay que aceptar todos los cambios. A veces, no cambiar, es el camino acertado. Distinguir entre los cambios buenos (y hacer el esfuerzo de transformarse) y los malos (y hacer el esfuerzo de resistir), es lo que siempre ha marcado la diferencia.

Guillermo Dorronsoro

Doctor en Ingeniería Industrial e Ingeniería Mecánica. Al frente de Innobasque participó en la transformación del sistema de ciencia y tecnología de Euskadi.

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