Mientras Europa debate cómo regular la IA, China escenifica su ambición de liderar la próxima revolución tecnológica

Una imagen vale más que mil palabras. Y China lo sabe. En la víspera del Año Nuevo lunar, la Gala del Festival de Primavera de la televisión estatal dejó este año una secuencia difícil de olvidar. Una docena de robots humanoides ejecutando movimientos de artes marciales con precisión milimétrica, saltos imposibles y una coordinación perfecta. Todo un alarde de poderío tecnológico que genera inquietud. Ahora la pregunta es, ¿cuál será el próximo paso? ¿Hasta dónde puede escalar esta demostración de capacidades? A todos nos gustaría pensar que se trata de un simple número de variedades, como los de antes, cuando salían acróbatas o magos y el truco consistía en no entender nada. Pero en esta puesta en escena sucede justo lo contrario.
"Un futuro automarizado, inteligente y con sello chino"
Los robots actuaron como herramienta de comunicación al servicio de la política industrial del régimen. Sin abrir la boca, China mostró al mundo su ambición de liderar la próxima revolución tecnológica. Un futuro que, según el guion de Pekín, será automatizado, inteligente y con sello chino. En plena disputa tecnológica con Estados Unidos, el objetivo del gigante asiático va mucho más allá. Aspira también a reducir la dependencia de tecnologías extranjeras y consolidar su autonomía estratégica.
Y es ahí donde Europa debería detenerse y mirar con atención. Porque mientras en Bruselas se encadenan los debates regulatorios sobre inteligencia artificial y soberanía digital, China ha logrado convertir la tecnología en una prioridad nacional tangible. Quizá lo más perturbador de esos robots no sea lo que hacen, sino lo que representan. Una potencia que ha decidido ensayar su futuro en horario de máxima audiencia. Y que, al hacerlo, está marcando el compás al que otros tendrán que aprender a moverse.

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