La saturación de la red eléctrica contribuye a agravar el problema de la vivienda

A los tradicionales obstáculos como la escasez de suelo, los problemas de suministro de materiales o el encarecimiento sobrevenido de los costes de edificación, que entre otros caprichos del destino, se interponen entre la necesidad de vivienda y las nuevas promociones inmobilarias, se añade ahora una nueva e inaudita dificultad: la incapacidad de la red eléctrica de absorber muchos de los nuevos proyectos urbanísticos. En la actualidad hay más de 350.000 viviendas nuevas en riesgo por la incapacidad de la red eléctrica de integrarlas al suministro. Más de la mitad de las peticiones de nuevas promociones urbanísticas para conectarse son actualmente rechazadas lo que estanca el proyecto y en ocasiones acaba por malograrlo.
Ya no es que no podamos pagar la luz. Es que ahora se ha convertido en un bien de difícil acceso en virtud de unas infraestructuras saturadas que nos remite mentalmente a las historias de apagones y restricciones energéticas que nos llegaban antaño de países que se nos antojaban remotos. Mientras muchas de esas zonas, que ahora experimentan un gran desarrollo, se electrifican ordenadamente y se dotan de inicio de tecnologías orientadas a racionalizar y optimizar el suministro, nuestras ciudades comienzan a registrar cortes e incidentes energéticos, que tienen su máxima expresión en la imagen de urbanizaciones oscuras y abandonadas porque resulta imposible llevar el tendido hasta ellas.
El consumo energético desaforado del primer mundo nos ha convertido de golpe en el tercero. Ahora queda ampliar la capacidad y adaptar la red al nuevo escenario.

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