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“Las claves de la competitividad pasan por la flexibilidad y la innovación”

La adaptación constante a las condiciones del entorno cambiante es uno de los grandes retos a los que debe hacer frente la economía vasca que, a juicio del presidente de Orkestra, Iván Martén, ha podido capear la pandemia mejor que la de otras regiones gracias a su carácter industrial, su elevada internacionalización y una decidida apuesta por la inversión en I+D

Sección:

> ¿Cómo ha afectado la pandemia a la competitividad del País Vasco?

En general hemos tenido una gran resiliencia. La pandemia tuvo efectos asimétricos. Cada sector registró una evolución diferente, pero es cierto que llegamos bien y hemos salido mejor que otras regiones. Y eso ha sido, en primer lugar, porque tenemos una estructura industrial muy diversificada y, en segundo lugar, por la estructura de clústeres, muy arraigada en el tejido industrial vasco, que ha sido un pilar importante ya que ha permitido buscar los temas comunes que afectaban a las empresas y poder actuar sobre esas necesidades compartidas que tenían.

> ¿Qué papel ha jugado la innovación en esa resiliencia que ha mencionado?

La inversión en I+D+i es totalmente fundamental. El País Vasco llegó a 2020 en una situación muy buena. De hecho, aquel año tuvimos el valor más alto del porcentaje de gasto de I+D sobre el PIB de los últimos 8 años, el 2,1 por ciento. Es decir, que incluso en el primer año de la pandemia seguimos invirtiendo. Los campeones ocultos que tenemos en el País Vasco, que son empresas relativamente de nicho pero que ocupan una posición de liderazgo a nivel mundial y tienen presencia internacional en tres regiones, todavía invirtieron muy por encima de la media del resto del País Vasco, lo cual quiere decir que las empresas tenían confianza en el futuro y seguían invirtiendo porque saben que la innovación es un tema clave.

> ¿Ocurre lo mismo con las pymes?

El reto que tenemos ahora es que no solo inviertan las grandes empresas tractoras que tenemos en la CAPV, que lo están haciendo y con mucho éxito, sino que esa innovación caiga hacia abajo y que lo hagan todas las pequeñas y medianas empresas, que ahí es donde quizás tenemos un déficit. Las grandes corporaciones tienen mucha más visibilidad de hacia dónde pueden ir los desarrollos tecnológicos y, por lo tanto, pueden orientar a sus proveedores en los diferentes niveles a avanzar por esa línea. Pero si estos no están innovando y adaptándose a lo que van a requerir las grandes empresas, al final se caerán de la cadena de aprovisionamiento.

> ¿También ha sido determinante la internacionalización de la economía vasca para capear la pandemia?

La internacionalización es el segundo pilar del éxito del modelo vasco. Hemos sido capaces de mantener la posición que teníamos en los principales indicadores de exportaciones y de saldo comercial. De hecho, en el segundo cuatrimestre de 2022 hemos tenido exportaciones récord, un 42 por ciento por encima del mismo periodo de 2021. Claramente, la presencia internacional de nuestras empresas ha ido a más. Pero creo que el reto que tenemos es no solamente exportar más, sino también lograr que nuestras empresas se conviertan en exportadoras estructurales. Es decir, que exporten de forma continua. Y otro reto es la internacionalización de la I+D para tener presencia en aquellos sitios donde se están produciendo todos los desarrollos tecnológicos. Esto no quiere decir que tengamos que desplazar la innovación fuera, en absoluto, pero sí que hay que estar conectado internacionalmente para capturar todos los nuevos desarrollos innovadores y tecnológicos en tu industria.

> A pesar esa resiliencia de la que habla, la rentabilidad de las compañías se ha visto afectada. ¿No es así?

Es cierto que la pandemia produjo un deterioro de la rentabilidad empresarial en el País Vasco. En algunos casos, la rentabilidad sobre los activos cayó del 3,6 en 2019 al 1,3 por ciento en 2020. Esto se ha ido recuperando, pero todavía no estamos en los niveles prepandemia. Ello ha provocado un incremento del endeudamiento de las empresas y, en consecuencia, eso ha implicado también un deterioro de la solvencia de las compañías. La ratio patrimonio versus activos es del 45 por ciento, frente al 36,3 de la media europea. Sin embargo, los niveles de morosidad continúan relativamente controlados. Otra cosa es lo que puede venir con la crisis que tenemos ahora de inflación, costes energéticos, etcétera. Ahora, más que hacer predicciones de lo que va a venir, es el momento de jugar con escenarios, ver qué posibles escenarios tenemos por delante -más agresivos, más conservadores- y, a partir de ahí, tratar de entender qué tengo que hacer para sobrevivir y salir adelante en cada uno de ellos.

> ¿Y en qué situación entra la CAPV comparada con el resto de Europa?

En general, estamos muy bien. Por ejemplo, en casi todas las dimensiones, tanto de competitividad como de bienestar, estamos en el top 15 por ciento de las regiones europeas. En temas de productividad, por ejemplo, nos situamos muy por encima de la media europea y de la española. En productividad del trabajo por euros a la hora en el País Vasco estamos en 42,6, mientras que la media europea es de 37,6 y la española de 33,4.

> ¿Es el País Vasco un territorio atractivo para la inversión foránea?

Sin duda, porque tenemos actividades de alto valor añadido como la industria y sus servicios avanzados. Además, gracias al esfuerzo realizado desde las instituciones, disponemos de un ecosistema que permite innovar. Asimismo, gozamos de una estabilidad institucional importante y tenemos talento. No obstante, hay que resaltar que en las últimas décadas hemos atraído menor inversión extranjera directa comparado con el PIB que, por ejemplo, la media española. Esto ha sido así porque contamos con una industria local muy potente que ha salido fuera. En Euskadi tenemos una inversión saliente del 84 por ciento del PIB, frente al 48,9 de Alemania. Y esto no es malo, porque no es que la inversión local se vaya fuera debido a que no quiere invertir aquí, sino que lo hace para fortalecer el negocio y el ecosistema empresarial en casa.

> ¿Cuáles son, a su juicio, las grandes oportunidades empresariales que se generarán en el futuro?

No hay grandes disrupciones que digan: ‘aquí está la oportunidad’. Lo que sí existen son tres grandes transiciones: la energética-medioambiental, la digital y la social-sanitaria, que son las que están marcando las oportunidades de nuevos negocios o de negocios que han evolucionado.

> Y por dónde cree que pasan las claves de futuro de la competitividad del País Vasco?

Por seguir transformándonos de forma gradual. Es decir, la adaptabilidad. No podemos pensar en ecosistemas empresariales inmutables y que seguirán así los próximos 20 años. Debemos tener empresas muy flexibles que estén constantemente moviéndose alrededor de los espacios de su negocio principal y buscando oportunidades. Asimismo, tenemos que seguir invirtiendo en innovación, tanto desde la empresa como desde la Administración, y disponer de un sistema de capacidades y de talento muy flexible. Como individuos nos tendremos que estar reciclando constantemente. Tenemos que estar aprendiendo las nuevas tecnologías, viendo por dónde van los conocimientos a futuro.

> ¿Dispone la CAPV del capital humano necesario para hacer frente a las tres transiciones que ha mencionado?

Lo que tenemos que asegurar es que somos capaces de generar los perfiles que necesita la empresa. Y, para ello, tenemos una magnífica FP, ejemplo en otros países, y, sobre todo, la FP dual. Además, está habiendo formación dual en la universidad. Esa formación dual nos puede ayudar mucho más fácilmente a ir adaptando perfiles a lo que va a ser requerido en el futuro.

"Me preocupa que la transición energética sea tan desordenada"

> ¿Qué papel tiene la inversión en la mejora de la competitividad?

La inversión en capital físico es fundamental. Tenemos que invertir en maquinaria, en bienes de equipo, etc, fundamentalmente en las tres transiciones mencionadas (energética-medioambiental, digital y social-sanitaria). De las tres, me preocupa fundamentalmente que en la energética-medioambiental, que tiene unas importantes implicaciones industriales y tecnológicas, hagamos una transición desordenada, como está ocurriendo ahora.

> ¿A qué se refiere concretamente? ¿Podría precisar?

Por poner un ejemplo, creo que la evolución hacia el vehículo eléctrico tiene sentido, pero estamos entrando muy alegremente en potenciarlo a tope cuando su cadena de suministro está en manos chinas. ¿De qué sirve correr en el vehículo eléctrico si lo único que estamos haciendo es una transferencia de rentas de Europa a China? Cuando tengamos fábricas de baterías en Europa será cuando podremos decir: ‘a por todas’. La transición energética es una oportunidad maravillosa de crear empleo y tecnología y de posicionarnos, pero ordenadamente y teniendo en cuenta nuestras capacidades. El objetivo sigue siendo el mismo: hay que descarbonizar la sociedad, pero con el menor coste social. Lo que cambia es el camino para lograrlo.

> Es el riesgo de seguir dejando en manos de terceros la cadena de suministro.

Efectivamente. No podemos depender totalmente de proveedores o tecnólogos extranjeros porque, ante una disrupción geopolítica, como la que estamos teniendo ahora, o económica, como la que tuvimos con la pandemia, nos podemos encontrar con que nuestras cadenas de producción se quedan paralizadas.

> ¿Observa que ha habido relocalizaciones en la CAPV?

No tengo datos, pero la percepción es que sí, para lograr cadenas de suministro más resilientes y garantizar la seguridad de suministro.

A CARA O CRUZ

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