El parabrisas como horizonte

Jose Muñoz ha enfocado Oribay Group Automotive hacia un modelo multitecnológico capaz de dar soporte a la conducción autónoma

Jose Muñoz, presidente de Oribay Group, recibe el Premio MEV 2020 de manos de Aitor Zumarraga, CEO de CMZ y MEV 2019.
EMPRESA XXI
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Bilbao
November 15, 2021

Jose Muñoz, tras cursar estudios en La Salle de San Sebastián e ingeniería mecánica en la TECNUN donostiarra, inició su carrera profesional en Bombas Itur con 24 años, etapa que compatibilizó con los estudios del MBA de Deusto. Como reconoce nuestro Mejor Empresario Vasco, “en esta etapa senté las bases de una sólida formación exportadora”, que incluyó el liderazgo de proyectos en el exterior durante los tres años de actividad en la empresa de Zarautz.

En los siguientes años, Jose Muñoz modeló su vocación empresarial con la dirección comercial y de marketing en otras empresas, hasta que, en 1994, justo al cumplir los 30 años, alcanzó el sueño de constituir Oribay, un proyecto que asentaría “sobre dos pilares: ingeniería+exportación; pero sin olvidar que lo primero es el cliente; lo siguiente, también el cliente; y el tercer elemento clave, de nuevo el cliente”.

Oribay, así, adoptó un modelo muy exigente con dos apartados que consideraba vitales en el largo plazo: “la importancia, por un lado, del balance y su fortaleza; y, de otro, la trascendencia de la investigación y desarrollo ( I+D)”

SALTO EN VALOR AÑADIDO

Oribay, de esta forma, nació en San Sebastián como una ingeniería mecánica que generaba soluciones a medida en proyectos de gran complejidad de moldes, o útiles, y en el desarrollo de procesos de forja, inyección, o estampación. La cuenta de resultados presentaba buenos números en ese bautismo multisectorial. Sin embargo, el destino, o la suerte, ese factor que en la industria y en la vida te debe encontrar trabajando y en plena forma, les acercó a clientes especiales como Renault y PSA.

Jose Muñoz, presidente de Oribay. FOTO: EXXI.
Jose Muñoz, presidente de Oribay.

La primera quería mejorar y optimizar un proceso que condicionaba el atornillado de los parabrisas del automóvil. Fue la semilla de su I+D. Diseñaron un componente muy específico para el montaje del retrovisor que gustó en la multinacional, que les propuso su fabricación. Como señala José Muñoz: “Del diseño pasamos a la subcontratación y fue todo un éxito. Este elemento se extendió en el mercado mundial y provocó que, finalmente, asumiéramos la producción propia de sistemas con diferentes tecnologías”.

Como subraya, “hemos pasado de los antiguos componentes de función mecánica al actual ‘smart bracket’, que integra la función de Autopilot-Autonomous Driving”. Pero este gran salto industrial se asentó paso a paso. En 1994, ya diseñaron para PSA un sensor de lluvia. Un horizonte nuevo se abrió ante sus ojos. La automatización de funciones se dibujaba como un salto cualitativo en el automóvil que, en su caso, empezó a tomar forma en la integración y suministro de conjuntos que incluían elementos como sensórica, adhesivos, componentes metálicos y plásticos…

ESPECIALIZACIÓN

Todo ello provocó una reflexión interna, muy discutida y que hoy considera sabia, de unir el destino de Oribay al parabrisas del automóvil y renunciar a trabajar para otros sectores. En 1995, multiplicaron por diez las ventas, pero el cuantitativo no fue el único cambio. El ‘ADN’ transmitido por Jose Muñoz a Oribay siempre animaba a ver y analizar los procesos y a buscar las soluciones más efectivas para los clientes. Esa inquietud se manifestó al comprobar que los adhesivos utilizados en los parabrisas eran de baja calidad y que ofrecían una respuesta deficiente. Se embarcaron en una singladura que muchos tacharon de locura.

CON LA UPV Y POLYMAT creó el mejor adhesivo estructural del mercado y revolucionó su forma de encarar la I+D+i

Primero crearon una solución transitoria con un adhesivo estructural adquirido en el mercado, muy superior a los de tipo ‘PVC’ utilizados en ese momento. Pero, sobre todo, decidieron armar un nuevo modelo de desarrollo tecnológico. Esta apuesta se sustanció en la creación de un grupo de trabajo con Polymat y la UPV/EHU para el diseño de un adhesivo estructural. Durante siete años invirtieron de forma intensiva hasta conseguir su objetivo en los primeros años del presente siglo, en el que ofertaron al mercado el mejor producto en su género.

MODELO TECNOLÓGICO

Esta decisión resultó también muy importante en la historia de Oribay. Aquella apuesta devino en la transformación de su modelo de I+D, pero sin modificar la esencia financiera del proyecto, apuntalada en la máxima de no repartir beneficios, que sigue en vigor. Una estrategia que les ha permitido convertirse en una empresa hipercapitalizada, que puede destinar a su I+D+i más del 25 por ciento de los ingresos. El largo ciclo innovador para el desarrollo de su adhesivo estructural también les posicionó en una metodología de I+D alejada de los modelos tradicionales.

Jose Muñoz modificó el horizonte de actuación, lo que se tradujo en un sistema que, atendiendo al modelo TRL (Technological Readiness Level), cubre todos los niveles, incluidos el 1 y 2, que integra la investigación básica en la que no se buscan aplicaciones concretas y que no está condicionada por plazos cortos.

LOS OJOS DEL VEHÍCULO

La segunda característica estratégica, como explica, se estableció en “la estructuración del avance innovador en sintonía con la visión de que el parabrisas eran los ojos del vehículo y que pasaba a tener vida con la integración de cámaras, sensores, radar, etc.”, lo que animaba una revolución en materiales, sistemas y soluciones. De hecho, Oribay, en 2008, ya diseñaba y fabricaba sensores sensores de humedad, o temperatura. Pero el salto a protagonizar era extraordinario, por lo que la I+D amplió su papel como motor en campos como el químico, los adhesivos, la electrónica, la nano-tecnología, la óptica... Cada nuevo apartado se agrupa en una división investigadora, y esta progresa con la creación de una spin-off y una planta de producción especializada.

La singularidad del modelo innovador no erosionó el principio de servicio al cliente. Un desequilibrio que, subraya Jose Muñoz, afecta a muchas pymes con una gran fortaleza tecnológica. Por ese motivo intensificaron el trabajo para encontrar “el equilibrio con el que brindar a los clientes calidad, rapidez y confiabilidad”, bajo la meta de ser “competitivos, innovadores, flexibles y diferentes”, lo que debía plasmarse en “una estrategia para que sea verdadero y tangible”.

Si se pudiera condensar ese espíritu en una frase, nuestro empresario cincelaría la siguiente: “Los plazos son la Biblia. Si el cliente necesita el suministro el lunes, se trabaja el fin de semana; y si lo necesita mañana, trabajamos por la noche”. Este pensamiento empresarial de diferenciarse en servicio surge de “las series cortas”, que lleva a primer plano la importancia de ofrecer al mercado nuevos y mejores productos, al tiempo que prioriza el proyecto y la necesidad del cliente sobre el volumen.

LAS SERIES CORTAS han creado una escuela de servicio y de toma de temperatura a las necesidades de los clientes y del mercado

También es el termómetro en la relación con el cliente para “conocer los cambios y variaciones para diseñar nuevas referencias alineadas con sus necesidades”. Estos principios concurren en el establecimiento de un modelo que busca la oferta de “productos personalizados sin exigir pedido mínimo para ninguna referencia”, al tiempo que aseguran “un gran stock para poder suministrar en cualquier momento las cantidades que necesite el cliente”.

Para sostener la alta exigencia autoimpuesta en plazo y serie, el tercer eje del servicio se apoya en el equipo profesional, que debe ser de primer nivel para poder cubrir todos los requerimientos anteriores, manteniendo el contacto directo con el cliente sin intermediarios.

CREA EL SMART BRACKET

Esta solidez de los principios convenció a los principales fabricantes continentales y le abrió sucesivamente los mercados de China, India, o Estados Unidos, donde montaron plataformas industriales y/o logísticas. Al mismo tiempo enriquecieron la gama de aplicaciones para el parabrisas, una evolución que culminó en la primera solución del mercado para organizar el volcado de sistemas y capacidades con el diseño de un ‘pack’ que integra todas ellas.

Jose Muñoz y Oribay, tras esta intensa carrera, abordan ahora una nueva etapa igual de intensiva en esfuerzo, pero cada vez más exigente en carga tecnológica. La irrupción de la conducción autónoma se configura como un cambio de paradigma en la evolución del parabrisas, al igual que la aplicación de materiales inteligentes. Para afirmar con solidez este salto, en 2019-2020, protagonizaron un movimiento corporativo para el fortalecimiento y diversificación de sus tecnologías. En primer lugar, tomaron una participación en la guipuzcoana Masermic, con gran experiencia en la electrónica aplicada al automóvil, incluida la conducción autónoma; y, en segundo lugar, en Alemania, adquirieron una empresa especializada en la inyección de polímeros especiales y complejos, que ya trabaja para fabricantes como Audi, BMW o Mercedes.

Además ha creado una división para la elaboración de nanohilos de plata y grafito, producto clave para generar una alternativa a los calentadores actuales de los parabrisas y diseñar soluciones hiper-eficientes para actuar en la eliminación de hielo y vaho en las zonas del parabrisas que, por ejemplo, integren las cámaras que dan soporte a funciones críticas en la conducción autónoma.

La proyección de Oribay para los próximos años, también tendrá otro punto de apoyo en un desarrollo puntero de sus tecnólogos: un adhesivo estructural conductivo que suma el eje ‘Z’ a los tradicionales ‘X’ e ‘Y’. En este campo ya colabora con la vizcaína Ingemat en una aplicación. Como se puede comprobar, la constancia innovadora es imprescindible en la labor del empresario para no perder el tren que protagoniza la industria.

Jose Muñoz, familiares y colaboradores de Oribay.

NANOMATERIALES Y CONDUCCIÓN AUTÓNOMA

Los planes de Jose Muñoz para mantener la carrera que sostenga a Oribay a la vanguardia tecnológica en el automóvil suma año a año nuevas capacidades y planes de inversión. Por ejemplo, en noviembre de 2020, constituyó la spinoff Nano-bay. Este proyecto se orienta a la nanotecnología y, siguiendo el tradicional modelo empresarial del grupo, su gestión independiente y los resultados determinarán la creación de una división o una filial. Su investigación se centrará en la síntesis de nanopartículas conductoras, con el diseño de nuevas estructuras nanométricas que generen materiales nuevos y la capacidad para fabricar las propias nanopartículas y adquirir conocimiento para ir más allá de la nano. La meta será desarrollar estructuras físicas que puedan llegar a nivel atómico. Se trata de crear materiales inteligentes que puedan ser sensitivos y sobre todo reaccionar con el entorno.

Para fortalecer estos avances, Oribay también ha planificado el impulso de sus capacidades en la conducción autónoma, para lo que contempla invertir 20 millones de euros en tres años. El plan se centrará en desarrollar piezas inteligentes para el automóvil, que incidan en la conducción autónoma y en la comunicación en la nube, lo que abre la puerta a recoger, procesar, gestionar y tomar decisiones autónomas en la conducción... y gestionar la información.

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