Vectores energéticos

La energía es un elemento clave en el desarrollo económico de las últimas décadas.

Sección:
Opinión

Los que tenemos una cierta edad, hemos conocido dos momentos bastante contradictorios de la Historia reciente. El primero fue la crisis del petróleo de 1973. En octubre de ese año, la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (que agrupaba a los países árabes miembros de la OPEP más Egipto, Siria y Túnez) con miembros del golfo pérsico de la OPEP (lo que incluía a Irán) decidió no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra de Yom Kipur, una medida que incluía entre los países excluidos a Estados Unidos y a sus aliados de Europa Occidental. El aumento del precio y la fuerte dependencia de muchas industrias del suministro del oro negro, provocó un fuerte efecto inflacionista y una reducción de la actividad económica en todos los países afectados. Periódicos y revistas se llenaron de titulares, trufados de mensajes sobre el cataclismo que supondría llegar al momento en que las reservas de petróleo se agotasen ¿cómo podría el mundo funcionar sin combustibles fósiles…?

“Ahora necesitamos estrategias para posicionarnos en los nuevos vectores energéticos”

Aunque nos pueda parecer lejano en el tiempo, lo cierto es que esa crisis generó un conjunto de movimientos geoestratégicos que han llegado hasta nuestros días. La Guerra del Golfo fue en 1991, el atentado de las Torres Gemelas en 2001, la Guerra de Afghanistan se ha extendido entre 2001 y 2014… También tuvo un hito muy importante en el avance de las tecnologías de extracción y procesamiento del “shale gas”, que dieron un vuelco al mapa de grandes productores de esta fuente de energía. El segundo momento lo estamos viviendo ahora, y los mensajes son diametralmente opuestos. Ahora se trata de diseñar un futuro en el que dos de los grandes derivados del petróleo desaparezcan, pero no porque las reservas se vayan a acabar, sino por razones muy diferentes. Los combustibles fósiles, por los gases generados en su combustión (en particular el CO2) y su impacto en el cambio climático. Los plásticos, por tratarse de materiales no biodegradables que se acumulan en forma de residuos en vertederos en tierra o en los océanos. La progresiva concienciación sobre el impacto del cambio climático en nuestro futuro por la acumulación de evidencias científicas, se ve apoyado por el desarrollo de tecnologías que hacen viable conseguir la independencia de estos productos en un plazo razonable. La pregunta que tiene sentido formularnos ahora es ¿cuáles serán las grandes conclusiones geoestratégicas de este cambio de rumbo? ¿Cómo reposicionarnos en este nuevo escenario energético?

A estas alturas del partido, sería muy ingenuo pensar que el nuevo mapa de la energía mundial se va a repartir con criterios de equidad, de equilibrio, o de justicia. Será un escenario de dura competencia, que a nada que nos descuidemos escalará a conflictos de mayor calado (basta con leer un poco de Historia para te nerlo claro). Los nuevos vectores energéticos se llaman electricidad y renovables (las grandes vencedoras de esta década), hidrógeno (el que podría llegar a competir con ellas este siglo) y almacenamiento (la eterna promesa, también llamada baterías). El mundo necesita energía para moverse, y quienes dominen las fuentes de energía, o las tecnologías para extraerla de las fuentes o para almacenarlas, dominarán el mundo. A los demás, les quedará ser dominados o pagar un alto peaje de supervivencia… En la crisis de los 70, diseñamos estrategias para responder al reto que suponía superar la dependencia de los combustibles fósiles. Ahora necesitamos estrategias para posicionarnos en los nuevos vectores energéticos.

Colaboración público privada, apuestas de país, industriales y tecnológicas. Invertir con acierto, y desinvertir con el mismo acierto. Nuestro futuro depende en gran medida de que mantengamos las sedes ejecutivas y fiscales de grupos líderes globales en energía (basta con repasar la lista de los grandes contribuyentes de nuestras Haciendas forales, o el “Quién es Quién” de Empresa XXI, para entender que sostener el estado del bienestar no será fácil si no las mantenemos…). Hay que apostar, y son apuestas de riesgo. Equivocarse en diez años al estimar la madurez de una tecnología de almacenamiento, significa perder tiempo y recursos preciosos. Hay que entender las fuerzas globales que condicionarán el éxito de cada uno de los vectores. Hay que meter a China en la ecuación, y para muchos de nosotros hoy en día supone sumar una incógnita que no hemos aprendido a despejar. Hay que entender cómo afectará todo ello a la automoción, al sector ferroviario, al sector aeronáutico… En fin, mucho trabajo por delante. Al menos, en eso, tenemos experiencia : )

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Guillermo Dorronsoro

Profesor de Innovación, Economía, Empresa y Estrategia Deusto Business School