Tres deseos para la lámpara de Aladino

La crisis económica es una realidad. Ya estamos en el fondo y toca escalar. ¿A qué velocidad?

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Opinión

Explicaba el Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, que la curva de recuperación económica no tendrá forma de U, ni de V, ni de W, sino que será como una lámpara de Aladino. Luego dijo un candil, para los no aficionados a la literatura oriental o a los dibujos de Walt Disney (yo conocí la lámpara por una película de 1940, “El ladrón de Bagdad”, que vi en la tele cuando era pequeño y me encantó). La lámpara viene a ser la suma de dos “S”. En la primera, que está dada la vuelta en un espejo, el trazo de caída es bastante vertical, y se corresponde con el período de confinamiento. En la seguna S, el trazo de subida es más alargado, como en una curva sigmoidea (no te preocupes si no la conoces, es la función 1/(1+e-x)). Parece que deberemos esperar a 2021 para ver la recuperación completa.

Tiene lógica que sea así. A medida que todos los sectores puedan recuperar la normalidad, volverá la recuperación económica. Y la recuperación, en parte, en esta economía global, depende de que recuperemos la capacidad de transitar libremente por el mundo, personas y mercancías. La evolución en el número de contagios está contenida, no sabemos si porque usamos máscaras y observamos medidas de confinamiento, o porque las condiciones climáticas afectan al ritmo de propagación (o por una combinación de las dos cosas). Así que casi todos los sectores están volviendo a la normalidad, con la incógnita de qué ocurrirá con el turismo en estos meses estivales, y algunos otros subsectores que dependen de reuniones masivas. En cualquier caso, por si fuera verdad lo de la lámpara de Aladino, podríamos hacer la prueba de pedirle tres deseos, por si acaso hay un genio en su interior. Te cuento cuáles serían los míos.

Sería una pena que tengamos que esperar a ver la segunda parte de esta película para darnos cuenta de que es preciso repensar nuestro Estado del Bienestar para que sea sostenible

El primer deseo sería que utilizásemos el período de reconstrucción para abordar las reformas estructurales que son necesarias. Si hay un dato que es cierto, es que las Administraciones Públicas van a quedar (más) fuertemente endeudadas, y la sostenibilidad del Estado del Bienestar va a complicarse más todavía. De la segunda etapa de la última gran crisis global, la que afectó a las deudas soberanas de varios estados, guardamos el recuerdo de la famosa “troika” (FMI, Banco Mundial y Comisión Europea), que llegaba a los países y les explicaba: si quieres que te prestemos el dinero que necesitas, vas a tener que abordar estas reformas (porque si no, no nos podrás devolver la deuda). Sería una pena que tengamos que esperar a ver la segunda parte de esta película para darnos cuenta de que es preciso repensar nuestro Estado del Bienestar para que sea sostenible. Está genial que el Estado pague buenas pensiones, sueldos de personas en ERTE, subsidio de desempleo e ingreso mínimo vital. El problema es que eso le hunde en una deuda que no podemos mantener.

El segundo deseo tiene que ver con la otra cara de la moneda, la que permite que empresas y personas paguen impuestos. Grandes tendencias de cambio que ya estaban presentes en la economía global (la digitalización, el avance tecnológico o los conflictos comerciales USA-China, por poner dos ejemplos sencillos), se han acelerado con esta crisis y requieren fuertes adaptaciones de nuestro tejido productivo. Otra gran tendencia, la globalización, no tenemos muy claro cómo va a quedar afectada, porque varias cadenas de suministro globales han mostrado su debilidad en esta crisis, y es posible que sean rediseñadas para evitar la excesiva dependencia de terceros países. ¿Qué industrias van a salir ganando? Como siempre, las que sean capaces de demostrar que son más competitivas, y eso pasa en el Siglo XXI por la incorporación de tecnologías avanzadas y por decisiones acertadas en la estrategia de internacionalización. Europa en general, y Es paña en particular, tiene dos tendones de Aquiles en sus políticas industriales y tecnológicas, y en su diplomacia comercial. Así que, o espabilamos, o la segunda curva de Aladino se nos va a hacer muy larga y dolorosa.

El tercer deseo tiene que ver con la emoción colectiva. Las dos grandes emociones que han conseguido que la primera parte de la curva acabase en unas pocas semanas, han sido el miedo y la solidaridad. Nos hemos confinado, en parte por el miedo a ser contagiados, en parte por ayudar al conjunto de la sociedad, a los más débiles, al personal del sistema de salud en la primera línea de batalla contra el virus. El miedo desaparece ahora, y si queremos hacer breve también la segunda curva, es necesario activar otra emoción, la esperanza, y mantener la segunda, la solidaridad. De los tres deseos, si el mago me hiciese escoger, me quedaría sin duda con este tercero…

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Guillermo Dorronsoro

Profesor de Innovación, Economía, Empresa y Estrategia Deusto Business School