Nosce te ipsum

Si siempre es preciso el trabajo en equipo, en estos tiempos que vienen será todavía más necesario.

Sección:
Opinión

Os hablaba en mi último artículo de Reddin y los diferentes estilos de liderazgo, y algunos me habéis preguntado cómo se puede saber en cuál de los estilos encaja una persona. El propio Reddin diseñó un test para determinar, mediante una batería de preguntas, cuál es tu estilo predominante, y en base a ello poder entender tus puntos fuertes y tus puntos débiles. Lo cierto es que no es el único test para identificar las características de personalidad y su influencia en nuestro comportamiento. Katharine Cook Briggs y su hija Isabel Briggs Myers, con base en las teorías sobre tipos psicológicos de Carl Gustav Jung, desarrollaron en 1942 el “Indicador de Tipo Briggs-Myers”, también conocido como MBTI. Su aplicación no se centra exclusivamente en liderazgo (como era el caso de Reddin), y se extiende a aspectos tan diversos como el asesoramiento para encontrar el tipo de tu pareja ideal, o el desarrollo personal. Este indicador identifica cada persona, de acuerdo a cuatro dimensiones: cómo enfocan su atención y obtienen su energía (extraversión o introversión), cómo perciben la información (sensación o intuición), cómo toman decisiones (pensamiento o sentimiento) y cómo se posicionan ante los acontecimientos (juzgan o perciben). Cada dimensión es independiente, por lo que hay 16 combinaciones posibles, que configuran 16 tipos psicológicos con características y aptitudes muy diferentes. Estas características son innatas, nacemos y morimos con ellas, no se aprenden o se modifican… Otro test que es bastante conocido es el denominado Eneagrama, en cuyo origen confluyen varios autores occidentales, que se basan en ideas anteriores de origen místico y oriental. La idea básica es que existen nueve tipos o personalidades arquetípicas con sus estrategias básicas para tratar sus asuntos, y que estas personalidades, según estén frustradas o en un estado proactivo, se integran o desintegran unas en otras.

Todos estos modelos comparten el mensaje de que ser de un tipo o de otro no es ni mejor ni peor

Los tests de Reddin, MBTI o del Eneagrama comparten, en el fondo, un mismo mensaje: cada persona tenemos unos rasgos de personalidad que van con nosotros y determinan nuestras formas de hacer y de relacionarnos con los demás (y por lo tanto, nuestras capacidades o estilos de liderazgo). Como en todo, hay defensores y detractores de estas ideas (especialmente de los tests de “todo a cien” que puedes hacer en internet para determinar en qué tipo encajas mejor). A mí me parece interesante conocerlos, por dos motivos fundamentales. El primero es que todos estos modelos comparten el mensaje de que ser de un tipo o de otro no es ni mejor ni peor, si no que dependiendo de las circunstancias y momentos seremos más o menos útiles a las organizaciones en las que estemos integrados. Cada persona puede aportar un gran valor, en función del rol que le asignemos, y una parte importante de la sabiduría organizativa consiste en ir gestionando de forma dinámica estos encajes. Hay una charla TED muy divertida que explica que, tan importante como la persona que tiene el liderazgo suficiente para lanzarse a proponer un camino nuevo, es esa segunda persona que tiene el coraje de seguirle cuando todavía la primera está sola. La tercera, la cuarta, la quinta tienen mucho menos mérito…

El segundo motivo por el que me parecen interesantes hunde sus raíces en la Grecia antigua. Sobre la puerta de entrada del templo de Apolo en Delfos (te sonará quizá el “oráculo de Delfos”), hay una inscripción en griego (ãíùèé óåáõôüí), que después fue adoptada por los romanos como “Nosce te ipsum” o también “Temet Nosce”. En castellano “Conócete a ti mismo”. No sé si los tests rápidos y las tipologías o arquetipos psicológicos son la mejor forma, pero sí estoy convencido de que una forma de ser mejores profesional y personalmente, es entendiendo nuestra manera de ser, sus ventajas y sus inconvenientes, sus fortalezas y sus debilidades. Las situaciones que nos ponen en el disparadero, y las que nos devuelven a la calma. Mal podremos gestionar a otros, si antes no ponemos un poco de interés en gestionarnos a nosotros mismos, en entender nuestras limitaciones, precisamente para poder apoyarnos en otros para ayudar a superarlas. También en entender nuestras cualidades y virtudes, para poder ayudar a otras personas que puedan necesitarlas. Si siempre es preciso el trabajo en equipo, en estos tiempos que vienen será todavía más necesario.

Además de los diferentes tipos de ejercicios de gimnasia que nos han propuesto estos días de confinamiento para mantener en forma los cuerpos, te propongo también que hagas algo de gimnasia introspectiva para mejorar tus habilidades, y para aprender a entender mejor a los demás. Todos saldremos ganando : )

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Guillermo Dorronsoro

Profesor de Innovación, Economía, Empresa y Estrategia Deusto Business School