Ni un millón

Los números del 12-VII confirman una tregua, pero con el dibujo cada vez más claro de una alternativa a la izquierda.

Por
Jesús Galindo
23/7/2020
Sección:
Opinión

Las elecciones al Parlamento Vasco se cerraron con un notable fracaso del sistema, lo que no empaña el éxito de algunos partidos. A las urnas no se acercaron por primera vez desde 1980 ni un millón de electores (908.328). La abstención alcanzó el 47,14% del censo. Como referencia, el PNV, la primera opción, recibió el 20,3% de los sufragios posibles.

Es imposible abstraerse de la menor participación electoral por el Covid-19 y de las corrientes de fondo en el comportamiento de los votantes que, dado el mínimo de participación, conviene cotejar con 2001, año en el que se batió el récord de votos (523.668 más que en 2020) y cayó la abstención al 21,04%. Desde aquella fecha, el PNV pierde dos escaños, de 33 a 31; el PP se desploma de 19 a 5; el PSE pasa de 13 a 10; Bildu da un salto de gigante de 7 a 22; y la izquierda a la izquierda del PSOE duplica su fuerza, de 3 a 6, a pesar del varapalo del 12 de julio.

Analizando los resultados provisionales, me atrevo a sacar las siguientes conclusiones. En general, las zonas más nacionalistas mantienen un nivel más alto de participación, también el nacionalismo: Álava, un 50,3%; Vizcaya, un 52,5% y Guipúzcoa, un 54,6%. Asimismo, las grandes urbes presentan mayor abstención que la tierra llana. Vitoria y Bilbao solo alcanzan el 48% del censo, frente al 56% de San Sebastián. Tampoco llegaron al 50% Barakaldo, Erandio, Portugalete, Santurtzi, o Sestao; y, en Guipúzcoa, Errenteria, Irún y Lasarte.

Al desconocer la abstención por tramos de edad, pero sí las preferencias de voto, todo indica que los más veteranos y más jóvenes redujeron su participación, por el virus y la desmotivación. A este factor debe sumarse que los dos partidos más castigados en las urnas viven en guerras civiles permanentes, caso del PP y Podemos, algo que nunca premian las urnas. También emerge EH Bildu, que rompe techos por el apoyo de una parte de la izquierda y del constante trabajo de ELA contra el PNV de Ortuzar-Urkullu. Ambas fuerzas progresan por su ‘moderación nacionalista’, circunstancia que también les ata. No hay que olvidarlo. Ahora, todo indica que el PNV y el PSE mantendrán su alianza, pero con un mayor porcentaje del presupuesto en manos de los socialistas.

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