Literatura en gestión

Suelo recomendar a mis estudiantes que cultiven el hábito de leer para mejorar sus competencias de gestión.

Sección:
Opinión

Soy un poco antiguo con esto de los libros, quizá ahora sería más adecuado que les recomendase ver series. Aunque los libros me parecen más completos, porque además de ayudarnos a descubrir nuevos universos, nos dejan más espacio para que nuestra imaginación complete la tarea del escritor. Por muy minuciosa que sea la descripción de un personaje, o de un paisaje, o de una escena de acción, siempre es preciso completarla dentro de nuestra cabeza. ¿Y por qué perder el tiempo leyendo novelas, cuando podemos dedicarlo a estudiar a los maestros de la ciencia de la gestión? Por varias razones, que descubrirás si tienes la paciencia de leer el artículo hasta el final (igual ahora que has descubierto que el título jugaba al despiste, has decidido que no merece la pena acabarlo…).

La primera razón tiene que ver con ese concepto de la “gestión humanista”, entendida como ese estilo de decisión empresarial que pone a la persona en el centro, en la razón de ser de toda organización. Y una de las características que tenemos las personas es que somos mucho más ricas y complejas de lo que la literatura de gestión nunca ha sido capaz de llegar a ver. El management se empeña muchas veces en lo contrario, en tratar de esquematizar y reducir a las personas a variables en una, dos, o a lo sumo tres dimensiones, que son las que podemos manejar de manera racional. Puede ser útil para tomar decisiones más rápido o con la impresión de que hemos sido más lógicos, pero no es evidente que esas decisiones sean más acertadas…

Cuando surge el movimiento humanista en el Renacimiento, lo hace en gran medida por inspiración de grandes artistas de la pintura, la escultura y la literatura. La lectura de las obras maestras de los grandes autores, nos hace más humanos. La segunda razón tiene que ver con la primera, aunque es menos filosófica y más pragmática. Cada vez está más claro que en todas las funciones empresariales en las que una máquina compita con un ser humano, antes o después perderemos la partida, y será un robot quien se encargue de desarrollarla. Así que, puestos a ejercitar competencias de gestión, mejor hacerlo en aquellos ámbitos en los que los robots no estén demasiado interesados por el momento. La lógica y las matemáticas, la memorización o el proceso de muchos datos, son campos en los que no hay futuro para los gestores. Sí lo habrá en tareas que requieran imaginación, pensamiento lateral, capacidad de asociar ideas de mundos diferentes, perspectiva histórica, conocimiento profundo de las emociones…

La tercera razón tiene que ver con nuestra salud física, men tal y emocional, o este término moderno del que em pezamos a oír hablar, el “well being” (los ingleses tienen mucho talento para colocar términos, especialmente en los libros de gestión: marketing, feedback, core business, know how, CRM, outsoucing, stock…). Trabajar en tareas directivas es un deporte de riesgo, por la tensión que supone la toma de decisiones y la excesiva carga de trabajo. Enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, ansiedad… ¿Cómo hace una persona para soltar esa tensión? No hay un único camino, y probablemente cada uno encontremos diferentes válvulas. La familia, los amigos, el deporte, el contacto con la naturaleza, son opciones aconsejables, al Suelo recomendar a mis estudiantes que cultiven el hábito de leer para mejorar sus competencias de gestión. Podríais pensar que este consejo se refiere solo a la literatura de gestión de los grandes gurús y profesores del management y la economía, que tienen el talento de divulgar las conclusiones de sus estudios de forma amena e instructiva. Pero no es así. Les recomiendo también que lean otros muchos libros, a ser posible que no tengan nada que ver con la gestión.…

Seguiría dándote razones, pero si no te he convencido ya, puedes hacer un experimento. Deja sobre la mesa de tu despacho, o en una balda, en un lugar visible, una buena novela. O llévala bajo el brazo cuando vayas a la próxima reunión de trabajo, y déjala sobre la mesa. Algo que no tenga nada que ver con la gestión, y que te guste. Verás que la conversación de tus interlocutores irá rápido a esa obra, y te permitirá conocerles mejor, entender qué les mueve, y qué les gusta. Una conexión que dos horas hablando de trabajo quizá no te hubiese dado, y que tiene un gran valor.

Ah, y no olvides leer cada 15 días Empresa XXI, aunque alguna vez mi vecino de página se despiste y deje colar artículos dispersos como este : )

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Guillermo Dorronsoro

Profesor de Innovación, Economía, Empresa y Estrategia Deusto Business School