Lander

Los modelos organizativos pueden ser muy diversos, igual que la respuesta y los resultados ante los problemas.

Algunos opinan que una de las causas del fracaso sanitario español a la hora de enfrentarse al coronavirus (la tasa de mortalidad por habitante más alta del mundo) tiene su origen en nuestra organización política, fraccionada en regiones autonómicas. Un comentario dudoso e interesado. De hecho, una de las causas del éxito alemán ha consistido en una respuesta descentralizada desarrollada por unos Lander que supuestamente tienen menos competencias y autonomía financiera que nuestras regiones pero que, además de no rehuir el problema y asumir el protagonismo de la lucha contra la pandemia, poseían los medios necesarios para cortar la cadena de transmisión del virus en un estadio temprano, lo que ha sido la clave del problema. De hecho, eran la plataforma ideal para organizar los test y realizar los rastreos.

La pandemia ha servido para demostrar que el estado de las autonomías ha sido un experimento artificial

En España, además de reaccionar muy tarde (todo nos cogió con el pie cambiado), las autonomías, incluida la vasca, hicieron lo que hacen cuando las cosas se ponen serias: ponerse de perfil, y esperar que Madrid les sacase las castañas del fuego. Lo que revela que las autonomías son en realidad muy poco autónomas. El reflejo centralista y dependiente sigue funcionando como hace cuarenta años.

La pandemia ha servido para demostrar que el estado de las autonomías ha sido un experimento artificial, una invención de las élites políticas que no ha calado en la Administración, como se ha puesto en evidencia en todas las crisis económicas que hemos atravesado y en las que la iniciativa autonómica ha brillado por su ausencia. En definitiva, para este viaje (la supuesta descentralización del poder) no se necesitaban alforjas. España es de hecho un país mucho más unitario y uniforme de lo que creemos.

Lo único que nos separa es el folklore.

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