La pluma mágica

“Los Fondos Next Generation me están recordando a esa ‘pluma mágica’ de la película de Disney.

Sección:
Opinión

Si has visto la película del elefante volador Dumbo recordarás que, para enseñarle a volar con sus enormes orejas como alas, uno de sus amigos cuervos le regala una pluma negra, y le explica que se trata de una pluma con poderes mágicos, que le ayudará a alzar el vuelo. En realidad no es así, se la acaba de arrancar de su cola. Pero, animado por ese apoyo, Dumbo se decide a lanzarse a planear y consigue aprender a volar. Luego en una escena posterior, hay un instante en el que la pluma se le escapa mientras vuela, y está a punto de estrellarse. Por fortuna el pájaro que le regaló la pluma estaba cerca y llega a tiempo de explicarle que no había magia, ni la había habido antes. Así que el joven elefante remonta el vuelo y sigue con sus acrobacias, ya sin necesidad de ayuda…

Los Fondos Next Generation me están recordando a esa “pluma mágica” de la película de Disney. Al parecer, teníamos guardados en el cajón docenas de proyectos de inversión, cruciales para transformar nuestra industria, que no se animaban a alzar el vuelo. Como la coyuntura económica de estos próximos meses no va a dar muchas alegrías, hacía falta esa inyección extraordinaria de fondos públicos para poder cuadrar las cuentas, y que las inversiones rindiesen un retorno razonable. Esperemos que todos estos proyectos sigan en vuelo cuando termine el plazo de las ayudas…

Keynes: “Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal”

En realidad, la buena colaboración público-privada se parece bastante a la historia del cuervo y el elefante (no quería yo decir que la clase política me recuerde a una bandada de cuervos, ha salido así la comparación, qué se le va ha - cer…). A veces el sector privado necesita esa inyección de confianza, ese pequeño empujón que le ayude a decidirse a invertir. Aunque, desde luego, no hay proyecto privado que pueda sobrevivir a base de las subvenciones, necesita en algún momento demostrar su viabilidad sin ayudas. Ese debería ser el papel de las instituciones públicas en lo relativo a la política industrial. Estar cerca de los proyectos de futuro, y tener un olfato fino para distinguir los que apenas necesitan una pluma mágica para decidirse a echar a volar, porque tienen la capacidad para hacerlo. Y saberlos distinguir de los proyectos que jamás serán rentables, porque se han creado para ordeñar lo público, o proyectos cuyo tiempo ha pasado ya, y es mejor dejarlos morir, que mantenerlos en la UCI de las ayudas públicas.

Ese olfato, esa intuición empresarial, es la que distingue a los buenos gobiernos de los malos. Se construye con diálogo y proximidad entre los gestores públicos y privados, desde un entendimiento del papel que corresponde a cada uno. Se construye también desde la asunción de riesgos. Nadie tiene una bola de cristal para poder saber con exactitud si un proyecto volará o no, ni el gestor público que tiene que tomar la decisión de apoyarlo, ni el gestor privado que tiene que invertir su propio capital en la aventura. Las dos partes deben tomar su parte de riesgo… Se construye, desde luego, siempre desde la honestidad y el compromiso con la creación de valor a largo plazo, y nunca desde la corrupción o la cultura del pelotazo y el enriquecimiento rápido, de uno mismo y de amistades que luego devolverán los favores recibidos. Ya decía Keynes que “Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal.”

Esa es una de las ventajas de los países pequeños, donde todo el mundo se conoce. En el tiempo, es fácil distinguir, tanto en el sector privado como el público, a las personas que tienen ese compromiso, esa capacidad de asumir riesgos, esa honestidad, tanto en la tarea pública, como en la tarea privada. Como estamos cerrando este año 2020 tan revuelto, voy a cerrar con otra cita de Keynes, para que recuerdes mirar al futuro con un poco de luz. ”Esta es una pesadilla, que pasará con la mañana. Porque los recursos de la naturaleza y los dispositivos de la Humanidad son tan fértiles y productivos como lo fueron. La velocidad de nuestro progreso hacia la resolución de los problemas materiales de la vida no es menos rápida.” Dumbo se da cuenta de que sabe volar, precisamente después de una noche de pesadilla, tras de la que amanece en la copa de un árbol. Que a nosotros nos ocurra parecido, y cuando pase esta mala noche que ha sido 2020, nos demos cuenta de que tenemos la capacidad de llegar tan alto como queramos, sin necesidad de plumas mágicas.

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Guillermo Dorronsoro

Profesor de Innovación, Economía, Empresa y Estrategia Deusto Business School