Finanzas reales

La industria, o la economía real, necesitan de finanzas reales. Ambas generan riqueza al margen de los alquimistas.

Por
Jesús Galindo
13/7/2020
Sección:
Opinión

No teman, no les voy a contar ninguna historia de los Austrias. En este número he tenido oportunidad de escribir sobre dos empresas vascas, una con ánimo de lucro y otra sin él. Ambas actúan en el sector financiero y ambas lo hacen pegaditas a la economía real, a la empresa y con el riesgo como amenaza permanente. Las circunstancias quieren, además, que ambas sean pioneras en su actividad en España y que prácticamente iniciasen su andadura empresarial en una época crítica.

Talde se fundó en 1976 ¡para abordar el capital riesgo en empresas! Y Elkargi, en 1980, ¡para prestar avalar a las pymes en su busca de financiación! Hay que ponerlo entre admirativas porque había que tener mucho cuajo para saltar al ruedo con ese objeto social. El mundo, no digamos nada España y el País Vasco, estaba patas arriba. El abandono de Bretton Woods por la administración Nixon (1971), con el fin del patrón oro, y la crisis del petróleo (1973) provocaron un terremoto económico, inflacionario y financiero, que hundió expectativas y que dejó a la industria como un hermano pobre en la generación de recursos. Emergía la gran industria financiera, aliada con los grandes bancos centrales y los políticos en el poder, y la sofisticación del modelo empezó a desfigurar valoraciones y generar negocios fantasma alrededor de los activos. Un pelotazo que ha ido dejando secuelas, aunque justo es decirlo, timos y timadores han existido toda la vida. La marginación empresarial para los flujos del dinero, agravado con el hundimiento de los bancos industriales, animó proyectos como los de Talde y Elkargi. El primero más limitado en su impacto por una cultura poco proclive a esa herramienta; si bien, su actividad la ha puesto en valor, como lo demuestra el que hayan sido capaces de entrar y salir, en algunos casos desplumados, en más de 150 compañías. La caución mutua de Elkargi, por el contrario, resultó imparable. Las empresas estaban secas de financiación, básica para una gestión adecuada de circulante e inversiones, y esta fuente acumula 165.000 garantías prestadas ante notario.

Los alquimistas del dinero siguen jugando y estas empresas trabajando en las finanzas reales. Sin duda, merecen una corona.

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