Ecuación insoluble

"La curva demográfica es la bomba de relojería que ya ha estallado"

Los españoles tienen una de las tasas de natalidad más bajas del mundo (1,26 hijos por mujer) y una de las esperanzas de vida más prolongadas, 83,2 años. No es posible imaginar una contradicción mayor desde el punto de vista de la sostenibilidad del estado de bienestar y, más concretamente, del sistema de pensiones. Puesto en términos familiares, los españoles han decidido tener pocos hijos o ninguno pero esperan que alguien, no se sabe quién, les cuide o pague su jubilación.

La curva demográfica se ha convertido en una bomba de relojería

La curva demográfica se ha convertido en una bomba de relojería que no va a estallar porque ya lo ha hecho. Cuando empiece a jubilarse la generación del baby boom, los nacidos entre finales de los cincuenta y finales de los setenta, cosa que está a punto de suceder, la desastrosa relación entre jubilados y ocupados convertirá el sistema de pensiones en un pozo sin fondo, aún más de lo que ya lo es actualmente. Compaginamos lo mejor del mundo, una larga esperanza de vida, en parte producto de un excelente sistema sanitario, con las consecuencias últimas de una serie de crisis que destruyeron buena parte del tejido productivo, un mercado de trabajo disfuncional que castiga a los jóvenes y les incorpora muy tarde a la vida activa, y un coste de la vivienda que sigue siendo escandalosamente alto.

Las condiciones ideales para que las parejas retrasen los nacimientos y reduzcan su número. Este año, el quinto consecutivo, las defunciones superarán los nacimientos (en 2018 la diferencia ha sido de más de 55.000 personas), y para 2050, si nada cambia, la población española se habrá reducido en unos cinco millones. No hará falta esperar tanto para que políticos y ciudadanos se vean obligados, ante la inviabilidad del sistema, a descifrar una ecuación insoluble.

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