Contra todo y contra todos

El continuo examen de trabajar para terceros se acentúa con cambios estructurales y la exigencia de absorber la baja del automóvil

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Jesús Galindo

La ingeniería mecánica por cuenta de terceros afronta el 2020 en un momento especialmente exigente para la gestión de las compañías. Al cambio estructural propiciado por la digitalización y automatización de los procesos se suma la crisis sanitaria y la incidencia en su principal sector demandante: el automóvil, que en el primer semestre del año redujo el IPI en España un 34,3 por ciento. Este último factor incidirá en las condiciones del negocio por la menor carga de trabajo y también por la internalización de labores.

A lo anterior debe añadirse el hecho de que esta crisis se ha extendido a sectores que salvaron la anterior crisis con solvencia, como el aeronáutico, que tiene gran incidencia en una parte de la industria auxiliar del País Vasco y de otras zonas como el Centro y Sur de España. De momento, el IPI conjunto del INE para la Ingeniería mecánica para terceros y el Tratamiento de metales recoge una baja del 20,0 por ciento en los seis primeros meses del año (-0,2% en 2019 y +4,9% en 2018), casi 15 puntos mejor que la automoción, lo que debe considerarse una nota alentadora en estas circunstancias.

La superación del actual momento económico por parte de la ingeniería mecánica para terceros resulta vital dado su papel de pilar en la competitividad industrial del resto de sectores. Estas empresas, como ejemplo, agregaron 4.661 millones de ventas en España en 2018, 52.255 trabajadores y 271 millones de inversión en activos. Las empresas vascas son las grandes protagonistas con cuotas nacionales del 37,5 por ciento en el empleo, del 41,3 en ventas y del 48,3 por ciento en inversión. Los ingresos del sector en el País Vasco, según el Eustat, sumaron 1.928 millones en 2018, un 3,8 por ciento más que en 2017. Por provincias, las compañías guipuzcoanas lideraron el escalafón y se mostraron como las más sólidas con 842 millones de ventas y alza anual del 6,6 por ciento. Las vizcaínas ingresaron 680 millones y avanzaron el 0,6 por ciento; y las alavesas, 405 millones con un repunte del 3,5 por ciento.

Los datos de 2018 no deben ocultar que el sector vasco ingresó un 6,7 por ciento menos que en 2008, que su empleo era un 10,6 por ciento inferior y que sus establecimientos cayeron en un 34,1 por ciento, de 1.591 en 2008 a 1.048 en 2018, año en el que el ajuste continuó con otra baja anual del 2,5 por ciento. La comparativa 2008-2018 en España resultó más negativa con bajas del 13,1 por ciento en las ventas y el 17,1 en el empleo.

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